Cocktail-El-Ultimo-Gato con gilda con-Parmigiano Reggiano 24 meses.
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Un brindis entre el arte y el paladar con la esencia del verano: el lobby bar y La Pérgola del hotel The Principal Madrid incorporan hasta septiembre un cóctel exclusivo firmado por Daniel Cruz con una tapa integrada, homenaje a dos iconos culturales y gastronómicos: el Parmigiano Reggiano y la gilda
En el corazón vibrante de Madrid, donde el pulso de la ciudad se encuentra con la elegancia atemporal, el Hotel The Principal Madrid nos invita a un idilio de sabores y sensaciones. Hasta septiembre, sus emblemáticos espacios, el Lobby Bar y La Pérgola, se visten de gala. Lo hacen para acoger una creación que trasciende lo culinario para rozar lo poético.
La propuesta nacida de la complicidad entre el head bartender Daniel Cruz el chef Victor Cuevas de The Principal Madrid y Parmigiano Reggiano.
Cuando el arte de la mixología se funde con la sabiduría culinaria, nace una estrella. De la cómplice danza entre Daniel Cruz, el alquimista de los elixires, y Víctor Cuevas, el maestro de los sabores, junto a la noble esencia de la DOP del rey de los quesos italianos, emerge una propuesta que no es solo un bocado, sino una experiencia que acaricia el alma«, como diría el poeta, «la belleza se esconde en los detalles».
Cocktail El Ultimo Gato Parmigiano Reggiano en The Principal Madrid.
Así, se nos presenta «El Último Gato», un cóctel que es un poema líquido, una declaración de intenciones donde la ginebra y el vermut, cual viejos amantes, se entrelazan con el sabor ancestral del jamón ibérico y la misteriosa caricia de la tintura de aceituna negra. Pero la verdadera revelación, el golpe de genio, reside en el inédito lavado de Parmigiano Reggiano de 24 meses, que lo transforma en un trago profundo como el océano, salino como las lágrimas de alegría, elegante como un baile de salón y provocador como un secreto susurrado al oído. Es, en palabras inmortales, «un brindis por la audacia, por la alquimia de los sentidos, por la vida misma.»
Como decía el célebre Marcel Proust, «El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.» Y con esa mirada renovada, Daniel Cruz, maestro de la mixología, nos regala este cóctel exclusivo. Es una auténtica pintura líquida. Cada sorbo es una pincelada de ingenio; cada matiz, un susurro al espíritu.
Pero este este elixir no llega solo. Lo acompaña una tapa integrada. Es una armonía perfecta que rinde homenaje a dos pilares de nuestra cultura gastronómica. Son dos iconos que han trascendido fronteras y paladares. Por un lado, el Parmigiano Reggiano, el «Rey de los Quesos», cuya historia se entrelaza con la de Italia y el mundo, encapsulando siglos de tradición y maestría. Su presencia evoca la frase de Brillat-Savarin: «Dime lo que comes y te diré quién eres.»
Y por otro, la Gilda. Esa banderilla audaz y pícara que con su combinación de aceituna, anchoa y guindilla, simboliza la alegría y la sencillez de un buen momento compartido. Un bocado que, como la vida misma, es un equilibrio perfecto entre lo dulce, lo salado y un toque de atrevimiento.
Bajo el sol menguante del estío, cual efímero tesoro, esta joya estará disponible hasta que el verano rinda su último aliento, por el precio de quince monedas de ilusión (15.- euros).
Esta creación, más que una mezcla, es un reflejo del alma de dos marcas hermanadas en la búsqueda de la excelencia, donde el profundo respeto por las raíces se entrelaza con la audacia de la innovación sensorial.
Como sabiamente expresa Daniel Cruz, arquitecto de este sueño: «No buscábamos la simple amalgama de ingredientes; aspirábamos a la unión de símbolos. El resultado es un brindis perpetuo entre dos naciones, cuyas historias se forjaron en la fragua del tiempo y en la calidez de sus tabernas.»Es, en esencia, «un brindis entre dos países con mucha historia y mucha barra», donde cada sorbo evoca un eco de pasado y la promesa de un futuro compartido.
Así, entre el susurro de las conversaciones en el Lobby Bar y la brisa suave de La Pérgola, The Principal Madrid nos convoca a un encuentro con el arte efímero del buen vivir.Un cóctel que es un poema, una tapa que es un cuento. Porque, al fin y al cabo, como bien dijo Oscar Wilde, «Solo hay una cosa peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti.»Y de esta experiencia, sin duda, se hablará.