InicioGASTRONOMÍACee y Cangas del Narcea ofrece la escapada perfecta para saborear el...

Cee y Cangas del Narcea ofrece la escapada perfecta para saborear el otoño a fuego lento

Tiempo de lectura: 4 minutos

De la Costa da Morte a los robledales asturianos, el tiempo se mide a otro ritmo

Entre brisas atlánticas y paisajes infinitos, dos joyas de la Red de Pueblos Gastronómicos de España reivindican el valor del origen. La calma y el producto sin prisas como el verdadero lujo de nuestra mesa.

Saborear la calma con una ruta atlántica y de montaña entre Cee y Cangas del Narcea

Asturias y Galicia… Galicia y Asturias. El norte de nuestro país gusta, fascinante y rotundo. Nos enamora por lo que entra por los ojos y, por supuesto, por lo que se conquista en la mesa. Los protagonistas de este viaje merecen tiempo y dedicación por separado, pero juntos componen la combinación perfecta para regalarnos esa escapada que el cuerpo y el alma nos están pidiendo. Dos destinos que comparten una misma forma de entender la hospitalidad. Se trata recibir al viajero con los brazos abiertos y hacerle partícipe de su despensa, su historia y su estilo de vida.

El otoño se presenta como una ocasión de oro para dejarse llevar por el encanto de dos villas pertenecientes a la Red de Pueblos Gastronómicos de España que dejan una huella imborrable: el Concello de Cee y Cangas del Narcea. Como bien recordaba el poeta Virgilio, «el tiempo vuela de forma irreparable», pero es precisamente aquí donde logramos detenerlo.

Cee ofrece la magia atlántica de la Costa da Morte

Los peregrinos que avanzan hacia Cee suelen mantener la mirada fija en el horizonte de Fisterra y, con frecuencia, cometen el error de pasar de largo. Gran equivocación porque Cee exige pausa.

«La naturaleza no se apresura, sin embargo todo se realiza.» — Lao Tse

Sin necesidad de ostentar grandes murallas ni catedrales de postal, Cee presume de seis parroquias vivas, dos rías —entre ellas la de Lires, la más recogida y romántica de Galicia— y una personalidad indomable forjada en la historia. Al sur, el majestuoso Monte Pindo —el legendario Olimpo Celta— esculpe en granito figuras y castillos naturales. Al norte, los acantilados de Canosa se precipitan hacia el mar mientras la cascada de A Mixirica se arroja con valentía al Atlántico. En A Ameixenda, su iglesia barroca custodia un relicario de plata que guarda, según la tradición local, el dedo meñique del Apóstol Santiago. Y cuando cae la noche, el espectáculo se traslada al cielo tras acoger en 2024 el Encuentro Internacional Starlight, asomarse al mirador de Gures confirma que aquí las estrellas se ven de otra manera.

+-----------------------------------------------------------------------------------+
|                            EL SABOR ATLÁNTICO DE CEE                              |
+-----------------------------------------------------------------------------------+
| • Del mar a la mesa: Abadejo, sargo y lubina de lonja en caldeirada o pulpo.      |
| • Propuestas de interior: Ternera gallega a la brasa, cachelos y verduras de huerta. |
| • Sabores de fiesta: Porquiño ao Espeto en A Pereiriña y navajas frescas en Estorde.|
| • El broche dulce: El tradicional y esponjoso pan de huevo de los domingos.       |
+-----------------------------------------------------------------------------------+

Su mesa es el reflejo fiel de este paisaje contrastado. Abadejo, sargo y lubina llegan directos de las lonjas vecinas para brillar en caldeiradas, arroces marineros o en un pulpo á feira impecable. Pero Cee guarda también un alma de interior con asadores con ternera gallega, cachelos, grelos y platos de cuchara donde mar y tierra conviven en perfecta armonía.

Cada rincón aporta su propio matiz con el aroma del Porquiño ao Espeto girando sobre las brasas en A Pereiriña cada junio, las carnes sabrosas de Toba, las afamadas navajas de Estorde y los atardeceres mágicos sobre la ría de Lires. El domingo, el mercadillo llena las calles de vida, los pinchos llegan a la mesa sin haberlos pedido y el célebre pan de huevo pone el toque dulce al paseo.

Cuando el mar de la Costa da Morte abraza la contundencia del recetario cangués, nace el viaje perfecto para este otoño. Pescados de lonja, chosco, caldos de culto y viticultura heroica se dan la mano en una ruta donde la hospitalidad y la calma son las verdaderas protagonistas. Foto: agencia.
Cuando el mar de la Costa da Morte abraza la contundencia del recetario cangués, nace el viaje perfecto para este otoño. Pescados de lonja, chosco, caldos de culto y viticultura heroica se dan la mano en una ruta donde la hospitalidad y la calma son las verdaderas protagonistas. Foto: agencia.

Cangas del Narcea con su tradición, fuego lento y refugio verde

Dejando atrás el salitre y adentrándonos en el suroccidente asturiano, Cangas del Narcea nos recibe con el susurro constante de los ríos Narcea y Naviego. Quien cruza su histórico puente romano se adentra en un viaje en el tiempo entre los barrios medievales de Entrambasaguas y El Cascarín, descubriendo palacios señoriales hasta alcanzar el monasterio románico del siglo XI, reconvertido hoy en un espectacular Parador.

Pero el verdadero espíritu cangués habita en sus alrededores con Muniellos, el mayor robledal de España y Reserva de la Biosfera donde el oso pardo camina en libertad; en las cumbres del Parque Natural Fuentes del Narcea y el Cueto de Arbás, o en la devoción silenciosa del Santuario de la Virgen del Acebo.

En Cangas, la cocina nació para hacer frente a un clima recio, pero jamás renunció al deleite.

  • El plato rey: el auténtico caldo de berzas con patatas, fabas pintas y un compango artesanal de chorizo, tocino, jamón y morcilla. Horas de chup-chup a fuego lento heredadas de generación en generación.

  • Tesoros de la matanza: delicias autóctonas de producción limitada como el butiello o el chosco de Cangas, acompañados de excelente ternera asturiana de los valles y pan de leña.

  • El toque místico: el rarísimo y codiciado queso de Xinestosu y el Vino de Calidad de Cangas, una joya de viticultura heroica con raíces en el siglo XII y la única denominación vinícola de Asturias.

  • Bocado dulce de otoño: castañas, nueces y avellanas enriquecen el arroz con leche, el requesón con miel local y los crujientes frixuelos servidos en espiral.

Dos destinos y una misma filosofía

En Cangas, algunas bodegas tradicionales aún sirven el vino en el cachu, el icónico cuenco de madera que pasa de mano en mano sellando la amistad. En Cee, la empanada, el pincho inesperado y el espeto circulan con esa misma naturalidad desprovista de etiqueta.

El paisaje cambia, pero el gesto permanece intacto. Se trata de compartir el pan, el vino y el tiempo con quien se sienta al lado. Este otoño, si el cuerpo le pide una pausa con aroma a mar y montaña, acepte la invitación.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Entradas Populares

En Primera Persona

Chefs con Estrellas

Personajes

Iberoamérica de cocina en cocina