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Casa Decor 2025: sesenta flores en el jardín del diseño a través de 57 espacios
Sesenta albas cumple el gran lienzo del diseño, Casa Decor 2025, faro que alumbra el ingenio. Treinta y tres años sembrando asombro y arte y ahora en Madrid.
En el corazón palpitante de Madrid, donde el arte viste los muros y la belleza danza en cada rincón, florece, una vez más, Casa Decor. Un evento magno, crisol de sueños y vanguardia, que en su sexagésima edición celebra tres décadas de asombro y deleite. Treinta y tres años sembrando semillas de inspiración, guiados por la visión incansable de Alicia García Cabrera, su alma mater.
Alicia guía la danza, con alma ferviente, reviviendo edificios, con magia patente. Palacios dormidos, conventos con historia… todos, bajo la batuta de la gloria.
Sesenta estaciones han visto peregrinar a legiones de creadores, alquimistas del espacio, que con sus manos prodigiosas insuflaron vida a edificios dormidos. Palacios con ecos de antaño, señoriales moradas, templos industriales y hasta un sacro convento, todos rindieron su noble estructura al pincel de interioristas, noveles y maestros, tejiendo historias de luz y forma en el lienzo urbano de Madrid, Barcelona y Valencia.
Este año, el número 33 de la calle Sagasta, junto al abrazo de Alonso Martínez, acoge el prodigio. En Sagasta treinta y tres es la nueva morada. Un templo ecléctico, de estirpe dorada. Ladrillo y piedra, metal que canta al cielo, cincuenta y siete espacios, un dulce anhelo. Un palacio de 1902, concebido por la mente visionaria de Luis de Landecho y Jordán de Urríes. El eco de Landecho, arquitecto soñador y en cada rincón, un detalle creador. Torretas francesas, balcones con cristal, una fachada imponente, de belleza sin igual. Joya ecléctica donde el ladrillo rojizo dialoga con la serena piedra y el metal, susurrando las tendencias neogóticas de un siglo que fue.

Cincuenta y siete espacios, universos oníricos, aguardan tras sus muros centenarios. Un encargo de la ilustre familia Zabálburu, un edificio trapezoidal que abraza toda una manzana, desde la plaza hasta la calle Covarrubias, como dos almas gemelas vestidas de una misma y armoniosa piel arquitectónica. Dos torres achatadas, guardianes en las esquinas, y una central, cual aguja celeste, coronan su fachada, adornada con balcones acristalados que derraman dinamismo sobre la calle.
Pero el verdadero sortilegio reside en el interior, un crisol de tendencias que visten tanto el hogar contemporáneo como los espacios de lujo. Propuestas etéreas, sin aparente utilidad terrenal, pero capaces de incendiar los sentidos con su belleza abstracta. La tierra misma se hace presente en la madera cálida, la cerámica ancestral, las fibras que respiran y la arcilla primigenia, abrazando la naturaleza en proyectos que evocan cuevas misteriosas, minas profundas, nidos protectores y grutas secretas: los primeros refugios del ser humano, un eco de la conexión perdida y la urgente necesidad de retorno al origen. La tecnología, invisible y sabia, se entrelaza en algunos espacios, liberando la estética en un vuelo sin ataduras.
Dentro, un universo de formas y texturas, tendencias que abrazan futuras venturas. Para el hogar moderno, para el lujo exquisito, conceptos que nacen, de un soplo infinito.
La madera respira, la cerámica florece, fibras naturales, la arcilla que mece. La naturaleza ancestral, en cuevas y nidos, un diálogo eterno, de orígenes vividos.
La tecnología invisible, se funde en la escena, libertad estética, la musa que ordena. Detalles que asombran, en cada recoveco, Casa Decor despliega su mágico juego.


