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La tradición del vino canario hecha cultura líquida

Tiempo de lectura: 4 minutos
Autor: Carmen Martínez Navarro.
Foto: Gastroystyle

Teneguía es historia viva del vino canario, una cooperativa que ha convertido la tradición en cultura líquida

Jable de Tao (Lanzarote). Un crisol de suelos, un vino por cada paisaje

Jable de Tao es una de esas bodegas que parecen hablar varios idiomas: el del jable (arena volcánica), el de los suelos sedimentarios, el del basalto desgastado por siglos… Su propuesta es clara: capturar la diversidad geológica de Lanzarote en cada botella.

El vino homónimo, Jable de Tao blanco, combina malvasía volcánica, listán blanco, diego y listán negro vinificado en blanco. Fermenta en recipientes de madera, hormigón y acero, para resaltar cada matiz. Es un vino vibrante, salino y cítrico, pura expresión de una isla indomable.

Entre sus etiquetas más destacadas están La Diego, una versión monovarietal que revela el potencial salino y ahumado de esta uva, y Chupadero, un blanco fresco y aromático que nace en una parcela específica. En tintos, el Listán Negro sorprende por su ligereza, fruta roja y un delicado toque volcánico. 

Jable de Tao no embotella vinos, embotella paisajes.

Altos de Chipude (La Gomera). Heroísmo y altura en estado líquido

En La Gomera, donde las viñas crecen colgadas de la montaña y el viento arrastra nubes entre barrancos, Gloria Negrín lidera un proyecto de altura —literal y metafóricamente. Altos de Chipude cultiva la Forastera Gomera, una variedad ancestral que ha sobrevivido siglos gracias al empeño de viticultores como ella.

El vino Rajadero es su emblema: blanco vibrante, con notas de fruta blanca, laurel y piedra mojada. Su versión más compleja, Rajadero Enterrado, se cría bajo tierra durante seis meses, revelando capas de frutas pasadas y una mineralidad que evoca el entorno del Parque Nacional de Garajonay.

Completan su catálogo el blanco Pribilo, fermentado en barrica de acacia, y La Montaña, un tinto elegante y ligero con listán negro y tintilla. Todos sus vinos comparten una acidez viva, una textura sedosa y un alma profundamente gomera.

Altos de Chipude demuestra que en las alturas de La Gomera, el vino también es heroico.

Bien de Altura (Gran Canaria). La altitud como origen, lo antiguo como futuro

En las cumbres de Gran Canaria, entre los 1.100 y los 1.460 metros de altitud, Carmelo Peña Santana ha creado un proyecto que respira autenticidad. Bien de Altura es una oda a los viñedos viejos y a las variedades autóctonas que sobreviven en terrazas imposibles, acariciadas por los vientos alisios.

El Ikewen tinto mezcla listán negro y otras uvas locales en un vino jugoso, elegante y de alma fresca. Agan, con fermentación espontánea y crianza en barrica, destaca por su equilibrio entre fruta, frescura y mineralidad. En Sansofi, el listán negro se acompaña de blancas autóctonas, mostrando un perfil floral y vibrante.

El3mento tinto, criado en ánforas, se desmarca con notas terrosas y florales, mientras que Tidao promete ser uno de los vinos de altitud más singulares del archipiélago. Ninguno de ellos se filtra ni se clarifica: aquí el vino se presenta tal cual es.

Bien de Altura representa la voz más alta —y quizá más pura— del vino canario.

Un mosaico de sabores y terruños

Explorar los vinos de las Islas Canarias es embarcarse en una travesía sensorial por un archipiélago donde cada isla, cada suelo y cada viticultor cuentan una historia distinta. Desde la profundidad volcánica de Lanzarote hasta las laderas vertiginosas de La Gomera, pasando por la dulzura solar de La Palma y las cumbres de Gran Canaria, el vino canario es geografía líquida, identidad embotellada y emoción pura.

Después de recorrer estas cinco bodegas, una cosa queda clara: los vinos de las Islas Canarias son únicos en el mundo. No hay otro lugar donde la vid se abrace al volcán, donde cada botella sea un testimonio de resistencia, tradición y creatividad. Es imposible elegir un favorito: cada uno ofrece una interpretación distinta del paisaje, cada sorbo es un relato irrepetible.

En lo personal, hay tres vinos que me han dejado una huella imborrable. El malvasía aromática naturalmente dulce de Bodegas Teneguía es pura poesía líquida: un vino exquisito, seductor y complejo, que emociona tanto por su elegancia como por su historia. En Jable de Tao, la Diego brilla con luz propia: salina, ahumada, vibrante, como si Lanzarote hablara directamente al paladar. Y desde las cumbres de Gran Canaria, el Ikewen tinto de Bien de Altura es un vino que combina frescura y carácter con una honestidad admirable, tan vivo como la tierra de donde nace.

Cada uno de estos vinos representa no solo el alma de su isla, sino también el esfuerzo y la pasión de quienes los elaboran. Son más que vinos: son postales volcánicas, pequeños milagros embotellados que nos recuerdan que, a veces, lo extraordinario nace en los márgenes, donde la tierra arde y el mar susurra.

Un brindis por estos “vinos del fuego”, nacidos en tierra de volcanes, moldeados por la tradición y elevados por la pasión.

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