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Autor: Carmen Martínez Navarro.
Foto: Gastroystyle
Teneguía es historia viva del vino canario, una cooperativa que ha convertido la tradición en cultura líquida

Jable de Tao (Lanzarote). Un crisol de suelos, un vino por cada paisaje
Jable de Tao es una de esas bodegas que parecen hablar varios idiomas: el del jable (arena volcánica), el de los suelos sedimentarios, el del basalto desgastado por siglos… Su propuesta es clara: capturar la diversidad geológica de Lanzarote en cada botella.
El vino homónimo, Jable de Tao blanco, combina malvasía volcánica, listán blanco, diego y listán negro vinificado en blanco. Fermenta en recipientes de madera, hormigón y acero, para resaltar cada matiz. Es un vino vibrante, salino y cítrico, pura expresión de una isla indomable.
Entre sus etiquetas más destacadas están La Diego, una versión monovarietal que revela el potencial salino y ahumado de esta uva, y Chupadero, un blanco fresco y aromático que nace en una parcela específica. En tintos, el Listán Negro sorprende por su ligereza, fruta roja y un delicado toque volcánico.
Jable de Tao no embotella vinos, embotella paisajes.
Altos de Chipude (La Gomera). Heroísmo y altura en estado líquido
En La Gomera, donde las viñas crecen colgadas de la montaña y el viento arrastra nubes entre barrancos, Gloria Negrín lidera un proyecto de altura —literal y metafóricamente. Altos de Chipude cultiva la Forastera Gomera, una variedad ancestral que ha sobrevivido siglos gracias al empeño de viticultores como ella.
El vino Rajadero es su emblema: blanco vibrante, con notas de fruta blanca, laurel y piedra mojada. Su versión más compleja, Rajadero Enterrado, se cría bajo tierra durante seis meses, revelando capas de frutas pasadas y una mineralidad que evoca el entorno del Parque Nacional de Garajonay.
Completan su catálogo el blanco Pribilo, fermentado en barrica de acacia, y La Montaña, un tinto elegante y ligero con listán negro y tintilla. Todos sus vinos comparten una acidez viva, una textura sedosa y un alma profundamente gomera.
Altos de Chipude demuestra que en las alturas de La Gomera, el vino también es heroico.

Bien de Altura (Gran Canaria). La altitud como origen, lo antiguo como futuro
En las cumbres de Gran Canaria, entre los 1.100 y los 1.460 metros de altitud, Carmelo Peña Santana ha creado un proyecto que respira autenticidad. Bien de Altura es una oda a los viñedos viejos y a las variedades autóctonas que sobreviven en terrazas imposibles, acariciadas por los vientos alisios.
El Ikewen tinto mezcla listán negro y otras uvas locales en un vino jugoso, elegante y de alma fresca. Agan, con fermentación espontánea y crianza en barrica, destaca por su equilibrio entre fruta, frescura y mineralidad. En Sansofi, el listán negro se acompaña de blancas autóctonas, mostrando un perfil floral y vibrante.
El3mento tinto, criado en ánforas, se desmarca con notas terrosas y florales, mientras que Tidao promete ser uno de los vinos de altitud más singulares del archipiélago. Ninguno de ellos se filtra ni se clarifica: aquí el vino se presenta tal cual es.
Bien de Altura representa la voz más alta —y quizá más pura— del vino canario.


