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Conde de los Andes viaja del pasado al futuro en Esperit Roca con una cata histórica de 20 vinos de leyenda

Tiempo de lectura: 4 minutos

Javier Murúa y Raúl Igual capitanean una cata histórica que recorre más de siete décadas de maestría enológica

Desde joyas vintage y referencias de culto actuales, hasta elaboraciones singulares y esos proyectos vanguardistas que ya perfilan el deslumbrante porvenir de la bodega. Una experiencia de alta costura vitivinícola para paladares que buscan el alma de una tierra eterna.

Mi experiencia en la cata histórica de Conde de los Andes en Esperit Roca con el tiempo embotellado

Existen citas gastronómicas que no solo alimentan el cuerpo, sino que conmueven el alma y despiertan los sentidos. Hace poco tuve el absoluto privilegio de asistir a uno de esos encuentros que quedan grabados en la memoria sibarita: una jornada donde el pasado, el presente y el futuro de Conde de los Andes se fusionaron en un escenario inigualable, el restaurante Esperit Roca.

Como bien decía el genial Salvador Dalí:

«Quien sabe degustar el vino no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos.»

Y vaya si descubrimos secretos. A través de un recorrido sensorial de 20 etiquetas, la bodega de Ollauri (Rioja Alta) demostró por qué es una de las grandes referencias históricas de nuestro país, guiados por la maestría de Javier Murúa, director de Muriel Wines, y el carisma de Raúl Igual, Advanced Sommelier y Embajador de la marca.

Javier Murúa y Raúl Igual capitanean un viaje sensorial único a través de 20 joyas vitivinícolas que unen pasado, presente y futuro. Foto: Agencia.
Javier Murúa y Raúl Igual capitanean un viaje sensorial único a través de 20 joyas vitivinícolas que unen pasado, presente y futuro. Foto: Agencia.

Un viaje subterráneo a través del pasado

La experiencia comenzó descorchando la Colección Histórica, un tesoro que Conde de los Andes custodia a cuarenta metros de profundidad en sus impresionantes calados medievales de Ollauri. Beber estos vinos es, literalmente, beber historia.

  • Blanco 1976: una joya de viura y malvasía que reposó en roble americano. Su frescura y complejidad en copa desafían las leyes del tiempo.

  • Tinto 1950: elaborado con un mimo artesanal absoluto y un reposo de tinos y hormigón antes de su embotellado en 1957. Una elegancia sedosa, un diálogo directo con la mitad del siglo pasado.

Al probar estas botellas, entiendes perfectamente las palabras de Raúl Igual: «abrir una botella antigua es un gesto de generosidad de generaciones pasadas que embotellaron paisajes para nuestro aprendizaje actual»

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| Vino Histórico           | Nota de Experiencia                                    |
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| Blanco 1976              | Una acidez y finura que sorprenden tras décadas.       |
| Tinto 1950               | Elegancia suprema, notas de evolución noble y seda.   |
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Mirando al mañana: la pureza y mineralidad de los vinos criados en huevo de granito demuestran que el futuro de Conde de los Andes ya se escribe con letras de oro. Foto: Agencia.
Mirando al mañana: la pureza y mineralidad de los vinos criados en huevo de granito demuestran que el futuro de Conde de los Andes ya se escribe con letras de oro. Foto: Agencia.

El presente y el hoy con la evolución, microterroirs y «Duermevela»

El viaje continuó hacia la Rioja Alta contemporánea, donde la bodega controla 23 hectáreas de viñedos viejos entre Ollauri, Briñas, Haro y Labastida. Aquí pudimos catar la gama de Los Capítulos y las codiciadas Ediciones Especiales Duermevela.

  • Capítulo II Garnacha 2018: Una Garnacha atlántica nacida a los pies de la Sierra de Cantabria, criada en barrica usada para mantener la pureza de la fruta.

  • Capítulo III Viura 2020: Nos sorprendió a todos por su fermentación maloláctica espontánea, que le otorga una cremosidad sin perder un ápice de estructura.

  • Duermevela Tinto 2016: Un 100% Tempranillo con 36 meses de crianza y una técnica singular de escurrido nocturno entre pieles que le aporta una potencia y una estructura descomunales.

    Alta costura para el paladar. Armonía absoluta en Esperit Roca donde la cocina de vanguardia abraza la maestría y el tiempo suspendido de la bodega de Ollauri. Foto: Agencia.
    Alta costura para el paladar. Armonía absoluta en Esperit Roca donde la cocina de vanguardia abraza la maestría y el tiempo suspendido de la bodega de Ollauri. Foto: Agencia.

 El huevo de granito y la vanguardia del futuro

Si algo nos dejó con la boca abierta, fue la apuesta conceptual de los Vinos del Futuro (añada 2024). Javier Murúa nos introdujo a la crianza en huevo de granito, un recipiente que mantiene las lías en suspensión constante.

La Garnacha 2024 (con fermentación maloláctica y alcohólica simultáneas) y la Malvasía 2024 (sin paso por madera, pura delicadeza aromática) demostraron que el futuro de Conde de los Andes se escribe manteniendo la frescura, la identidad del terruño y una mineralidad deslumbrante.

"Quien sabe degustar el vino, degusta secretos". Descubriendo el alma de Rioja Alta con mitos eternos como los míticos Blanco 1976 y Tinto 1950. Foto: Agencia.
«Quien sabe degustar el vino, degusta secretos». Descubriendo el alma de Rioja Alta con mitos eternos como los míticos Blanco 1976 y Tinto 1950. Foto: Agencia.

El menú maridaje en Esperit Roca con la armonía perfecta

La cumbre de la jornada llegó con el menú diseñado a medida por el equipo de Esperit Roca para armonizar otras 10 etiquetas excepcionales de la casa. Un despliegue de alta gastronomía donde cada plato potenciaba los matices del vino:

  • Espárrago blanco a la sal acompañado por el Malvasía, Capítulo I, 2018.

  • Mar y montaña vegetal junto al sorprendente Malvasía, Capítulo I, 2024.

  • Toda la gamba en perfecta sintonía con la estructura del Conde de los Andes Blanco 2015.

  • Cigala Artemisa con el complejo Viura, Capítulo III, 2020.

  • Lenguado a baja temperatura con hinojo y bergamota equilibrado magistralmente con la evolución del Blanco 1983.

Los tintos y la tradición

  • Cochinillo con manitas de cerdo y pepino de mar escoltado por el Tinto 2015 y el Garnacha, Capítulo II, 2018.

  • Cordero “Ramat de Foc”, un plato sublime que encontró su alma gemela en el Tinto 1981.

Los semidulces históricos son el broche de oro

  • Lluvia de Primavera maridado con las notas melosas de la Colección Histórica 1994 y 2003.

  • Chocolate blanco caramelizado con fresitas del bosque junto al inolvidable Colección Histórica 1964.

Como nos recordó el equipo al finalizar, el vino, al igual que el arte, detalla la forma de vida de cada lugar en cada momento. Brindo por Conde de los Andes, por su respeto al legado y por su valentía para seguir embotellando el futuro. ¡Salud!

Ana Belén Toribio
Ana Belén Toribio
Periodista y sumiller. CEO y Directora.

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