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Impulsado con maestría por la reconocida enóloga Julia del Castillo, en una impecable colaboración con el prestigioso Conseil des Grands Crus Classés en 1855, este salón exclusivo para profesionales del sector se consagró como un viaje sensorial directo hacia la excelencia. Sumilleres de los restaurantes más laureados de Madrid, distribuidores minuciosos, restauradores de primer nivel y periodistas

Fieles a la máxima de Olaverri y al saber vivir, nos sumergimos en una experiencia sensorial definitiva donde la alta gastronomía y los millésimes legendarios redefinieron el lujo atemporal. Foto: agencia.
Para entender la magnitud de lo vivido, debemos remontarnos en el tiempo. La histórica clasificación de 1855, instaurada con motivo de la Exposición Universal de París bajo la visión del emperador Napoleón III, continúa alzándose hoy —más de siglo y medio después— como la referencia más influyente y respetada del firmamento vinícola mundial. Es un testimonio vivo de perfección que, lejos de estancarse, se reinventa con audacia.

La tradición de 1855 se reinventa con una nueva generación de propietarios que lidera los grandes mitos de Burdeos hacia el futuro. El salón demostró cómo la máxima excelencia camina hoy de la mano con la vanguardia ecoclimática y la viticultura biodinámica. Foto: agencia.
La representación en el salón fue un auténtico festín para los sentidos, abarcando cerca de una veintena de propiedades procedentes de siete denominaciones de origen icónicas de la región de Burdeos. Cada château participante desplegó su generosidad ofreciendo tres añadas diferenciadas, permitiendo trazar una línea de tiempo cromática y gustativa inolvidable.

Un viaje líquido de Médoc a Sauternes con cerca de una veintena de châteaux míticos desplegaron sus mejores añadas en Madrid. De la estructura perfecta de los tintos de 2010 a la aristocrática untuosidad de los dulces de podredumbre noble. Arte puro en cada copa. Foto: agencia.
Un encuentro reservado para los paladares más exigentes del sector. Esta cita exclusiva para profesionales contó con una organización de auténtico lujo, capitaneada por la reconocida por la enóloga Julia del Castillo y por Sylvain Boivert, director general del Conseil. Una velada imprescindible donde el talento y la crème de la crème de la industria se dieron la mano
Alta gastronomía, vinos sublimes y un estilo de vida sibarita son el arte de vivir con buen gusto: «El vino consuela a los tristes, rejuvenece a los viejos, inspira a los jóvenes y alivia a los deprimidos del peso de sus preocupaciones.» — Lord Byron
Existen citas en el calendario que no solo marcan un día, sino que definen una época. Madrid, convertida hoy más que nunca en el epicentro indiscutible del hedonismo y el saber vivir, se vistió de gala en una jornada verdaderamente singular y festiva. El emblemático Hotel Wellington, testigo de los encuentros más selectos de la capital, abrió sus puertas para acoger la histórica primera edición del Salón de Grands Crus Classés 1855. Un acontecimiento sin precedentes que reunió los mejores y más deseados vinos de Burdeos bajo un mismo techo.
Impulsado con maestría por la reconocida enóloga Julia del Castillo, en una impecable colaboración con el prestigioso Conseil des Grands Crus Classés en 1855, este salón exclusivo para profesionales del sector se consagró como un viaje sensorial directo hacia la excelencia. Sumilleres de los restaurantes más laureados de Madrid, distribuidores minuciosos, restauradores de primer nivel y periodistas
especializados nos reunimos allí con un propósito común: rendir culto a la diversidad y el mito de los míticos “châteaux”franceses.
«El vino es la única obra de arte que se puede beber.» — Luis Fernando Olaverri.

Una herencia que se reinventa con elegancia
Para entender la magnitud de lo vivido, debemos remontarnos en el tiempo. La histórica clasificación de 1855, instaurada con motivo de la Exposición Universal de París bajo la visión del emperador Napoleón III, continúa alzándose hoy —más de siglo y medio después— como la referencia más influyente y respetada del firmamento vinícola mundial. Es un testimonio vivo de perfección que, lejos de estancarse, se reinventa con audacia.
El salón puso de manifiesto una vibrante convivencia entre la tradición más pura y los aires de renovación contemporáneos. Una nueva y brillante generación de propietarios y directores técnicos lidera actualmente estas leyendas líquidas, adaptando los viñedos a los desafíos climáticos actuales. Con estrategias de sostenibilidad de vanguardia y una profunda responsabilidad ambiental, su misión es sagrada: preservar el equilibrio natural y la identidad eterna de los terroirs situados en la mítica orilla izquierda del río Garona.

Un despliegue de millésimes y joyas líquidas
La representación en el salón fue un auténtico festín para los sentidos, abarcando cerca de una veintena de propiedades procedentes de siete denominaciones de origen icónicas de la región de Burdeos. Cada château participante desplegó su generosidad ofreciendo tres añadas diferenciadas, permitiendo trazar una línea de tiempo cromática y gustativa inolvidable.
Desde los exclusivos tintos de «millésimes» legendarias como la inolvidable cosecha de 2010, caracterizados por su opulencia y estructura perfecta, hasta los emergentes y vibrantes blancos secos. La nota sublime y de extrema sofisticación la aportaron los vinos blancos licorosos de Sauternes y Barsac; verdaderas joyas de podredumbre noble con imponente vejez (con añadas históricas como la 2005) que acariciaron el paladar de los asistentes con su untuosidad y equilibrio aristocrático.

Cartografía de la excelencia y las propiedades participantes
A continuación, detallamos la selecta constelación de bodegas que convirtieron esta jornada en un hito imborrable para el mercado español, donde los vinos de Burdeos gozan de una devoción absoluta:
Inmersión en los 21 Châteaux del margen izquierdo con identidad, arquitectura líquida y sofisticación
El mundo del vino no es solo geografía; es, ante todo, una declaración esteta. Como bien afirmaba el célebre escritor Johann Wolfgang von Goethe: «La vida es demasiado corta para beber vino mediocre». Bajo esta premisa de excelencia, nos adentramos en una experiencia sensorial sin precedentes a través del I Salón de los Grands Crus Classés de 1855. Viajamos al corazón del patrimonio vinícola mundial para descorchar la genialidad de unos viñedos eternos.
Saint-Estèphe es la fuerza del terruño
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Château Calon Ségur: este majestuoso viñedo de 50 hectáreas se asienta sobre gravas cuaternarias y arcilla lacustre. Su historia evoca a los calon (barcos medievales) y al alma del Marqués de Ségur, quien inmortalizó el corazón de su etiqueta con aquella célebre declaración de amor: «Hago vino en Lafite y en Latour, pero mi corazón está en Calon».
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Añada 2019: nos cautivó por ser un vino opulento, denso y dotado de una textura en boca soberbiamente suave.
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Añada 2021: se revela más etéreo y ligero, acariciado por aromas florales y una vibrante sensación de frescura.
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Añada 2023 (Joven): un auténtico estallido de frutas negras con una delicadeza intrínseca que augura una longevidad extraordinaria.
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Château Lafon-Rochet: una suntuosa propiedad del siglo XVII con 45 hectáreas dispuestas en dos laderas perfectas de grava y arcilla, hogar de joyas arquitectónicas vivas: viñas de más de 80 años.
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Añada 2017: un tinto de estirpe tradicional, directo, con evocaciones a frutas rojas maduras y un sutil destello mineral.
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Añada 2019: corpulento, imponente, balanceado con una frescura y persistencia kilométrica que confirma el potencial de esta añada.
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Pauillac es el epicentro del carácter
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Château Lynch-Bages: custodiado en una colina de grava fina y regido con maestría por la familia Cazes desde 1939. Sus 90 hectáreas celebraron cuatro siglos de historia con la inauguración de una bodega vanguardista en su añada 2020.
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Añada 2015: de gran cuerpo y opulencia, despliega sofisticados aromas retronasales a grosella negra sobre una textura impecable.
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Echo de Lynch-Bages 2017: su segundo vino es una delicia accesible, ligera y rebosante de frutas frescas.
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Château Haut-Batailley: su nombre resuena a historia pura, evocando una batalla de 1453. Tras pasar por las manos de las familias Guestier, Halphen y los hermanos Borie en 1924, la propiedad se dividió en 1942 antes de integrarse al portafolio de la familia Cazes.
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Añada 2018: Destaca por una arquitectura tánica milimétricamente equilibrada. Llena la copa con notas de regaliz, moras y ahumados de madera noble que integran el conjunto con absoluta finura.
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Château Pichon Baron: una imponente finca gestionada por AXA Millésimes, nacida de la mítica división en 1850 de la propiedad original del Barón Joseph de Pichon-Longueville. En 2021 se dotó de un vanguardista sistema de vinificación por gravedad.
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Añada 2016: madurez y elegancia en estado puro, con notas complejas de madera fina y tierra húmeda.
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Añada 2020: pura fuerza, potencia y estructura. Encontró su contrapunto ideal en Les Griffons de Pichon Baron 2020, un perfil más contemporáneo impregnado de frutas y flores.
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Château Pédesclaux: fundado en 1810 y adquirido en 2009 por la familia Lorenzetti. Sus 46 hectáreas de suelos calizos, arcillosos y gravosos se manejan bajo una filosofía biodinámica y tecnología de punta.
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Añada 2015: seduce por su textura sedosa y matices de cerezas maduras.
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Añada 2019: una danza perfecta de tanicidad equilibrada y acidez refrescante.
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Añada 2022 (Joven): enérgico y vibrante, dominado por el frescor de la fruta viva.
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Saint-Julien es el equilibrio de la distinción
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Château Léoville Poyferré: con raíces en un domaine de 1638, su andadura en solitario comenzó en 1840, consagrándose en el Olimpo de 1855. Didier Cuvelier preside desde 1979 este terroir de terrazas de grava y subsuelo arcillo-arenoso.
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Añada 2016: en un momento cumbre; voluminoso, denso y con un hipnótico aroma a violetas, setas y moras. La experiencia se completó con el redondo Château Moulin Riche 2018 y el firme e intenso Château Le Crock 2019 (Saint-Estèphe).
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Château Branaire-Ducru: nacido en 1680 y capitaneado por Patrick Maroteaux desde 1988, posee 60 hectáreas de suelos aluviales del Cuaternario, catalogado como uno de los pagos más cálidos de la región.
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Añada 2020: Intenso y concentrado, con una textura firme que regala un goloso recuerdo a chocolate negro.
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Añada 2023: Pura sofisticación lineal, vivo y con una acidez impecable.
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Duluc de Branaire-Ducru 2020: Amable, de taninos redondos y apetecible desde el primer sorbo.
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Château Beychevelle: un emblema del siglo XVII construido por el Duque de Épernon. Su château es el reflejo vivo de la arquitectura clásica y sus jardines franceses anticipan el refinamiento de sus líquidos.
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Añada 2019: La riqueza absoluta. Una textura aterciopelada que abraza notas de chocolate y grosellas negras.
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Añada 2023: Una sensación sumamente placentera y fluida en el paladar.
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Amiral de Beychevelle 2019: Cautiva por su marcada carga frutal y una armonía idónea para el disfrute inmediato.
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Château Talbot: un viñedo monumental de 110 hectáreas unificadas en una sola parcela junto al estuario de la Gironda, asentado sobre míticas colinas de grava aluvial de Günz.
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Caillou Blanc 2023: Nos sorprendió gratamente por su alegre juego cítrico y su textura untuosa.
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Añada 2019: Fiel al estilo tradicional, con aromas que transportan a madera noble y bosque húmedo.
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Añada 2022: Una interpretación moderna salpicada de sugerentes toques especiados.
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Margaux es la quintesencia del perfume y la delicadeza
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Château d’Issan: uno de los viñedos más antiguos del Médoc (siglo XII), cuyo vino engalanó la boda de Leonor de Aquitania en 1152. Su etiqueta reza con orgullo el lema: «Regum Mensis Aris que Deorum» (Para las mesas de los reyes y los altares de los dioses).
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Añada 2016: el epítome de la elegancia; ligero en su concepción más noble y perfumado con notas de rosas.
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Añada 2018: una expresión madura, potente y estructurada.
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Añada 2022: una sutileza asombrosa que parece flotar ingrávida en la boca.
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Château Giscours: fundado en 1552, deslumbra con su impresionante parque diseñado por el paisajista real Eugène Bühler. Luce una sirena en su etiqueta desde 1900 y hoy está timoneado por la familia de Eric Albada Jelgersma.
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Añada 2011: cátedra de longevidad, ofreciendo complejos terciarios que recuerdan al cuero noble.
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Añada 2019: corpulento e intenso, escoltado por la ligereza floral de Sirène de Giscours 2019.
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Château Boyd-Cantenac: adquirido en 1806 por John Lewis Brown, cuenta con 17 hectáreas en Cantenac con cepas de 40 años sobre suelos arenosos y gravas cuaternarias.
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Añada 2011: regaló sugerentes aromas de evolución —hojas de té, tierra de bosque— bajo un tacto sedoso.
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La Croix de Boyd-Cantenac 2019: fruta jugosa, directa y concebida para el placer inmediato.
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Château Pouget: en manos de la familia Guillemet desde 1906, mantiene sus viñas de 45 años libres de fertilizantes desde hace tres décadas.
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Añada 2019: de carácter firme, clásico, con seductores aromas a café recién tostado y ciruelas negras maduras.
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Château Cantenac Brown: fundado por John-Lewis Brown, fue fuente de inspiración para pintores impresionistas. Hoy estrena una bodega eco-sostenible de 5.000 m² diseñada por Philippe Madec.
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Alto de Cantenac Brown 2024 (Blanco Seco): impactante energía frutal que evoca limón con una acidez eléctrica.
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Añada 2016: magnífico, con gran cuerpo y profunda complejidad aromática.
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Brio de Cantenac Brown 2019: ligero, fresco y envuelto en notas de hierbas aromáticas.
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Château Prieuré-Lichine: antiguo priorato benedictino adquirido en 1951 por el legendario Alexis Lichine, impulsado hoy por el grupo Ballande.
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Añada 2018 (Tinto): suave, complaciente y repleto de especias dulces.
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Confidences de Prieuré-Lichine 2022: un trago fluido, ligero y sumamente disfrutable.
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Le Blanc de Prieuré-Lichine 2024: sobresaliente juego de frutas tropicales sobre una textura rica y cremosa.
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Haut-Médoc y la aristocracia y placer
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Château de Camensac: casa solariega del siglo XVIII replantada en los años sesenta por la familia Forner (Marqués de Cáceres) y hoy bajo la dirección de Jean Merlaut y Céline Villars Loubet.
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Añada 2010: en su momento de consumo idóneo, manteniendo frescura junto a distinguidas notas de tabaco.
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Añada 2018: redondo, con fruta madura y consistencia impecable.
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La Closerie de Camensac 2022: fruta directa, honesta y sumamente agradable.
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Un viaje por los licorosos de leyenda: juventud y madurez en equilibrio
Como sentenció una vez el genial Salvador Dalí: «Un gran vino requiere un loco para hacer crecer la vid, un sabio para velar por ella, un poeta lúcido para hacerla y un amante que la entienda». Enfrentar la frescura de la juventud con la bendición del tiempo en Sauternes y Barsac es un ejercicio de pura poesía líquida.
Sauternes y Barsac (Vinos de Licor de Podredumbre Noble)
Château |
Añada / Tipo |
Notas de Cata & Sensaciones |
Château de Malle |
2022 (Dulce)Les Fleurs 2012 (Seco)2016 (Dulce)2013 (Dulce) |
Energía joven y fruta blanca fresca.Seco, con gran cuerpo y untuosidad.Perfumes embriagadores de azahar y jazmín.Evolución excelsa: miel, piel de naranja y una textura densa y aterciopelada. |
Château Sigalas-Rabaud |
2022 (Dulce)Sémillante 2018 (Seco)2012 (Dulce)Lieutenant 2019 (Dulce) |
Seducción floral y persistencia infinita.Blanco seco de gran interés estructural.La gran sorpresa: frutos secos, orejones, miel y un toque mineral profundo.Expresión dulce y magníficamente integrada. |
Château Suduiraut |
V.V. Grand Vin 2024 (Seco)2022 (Dulce)2017 (Dulce)2015 (Dulce) |
Muy aromático, fresco y con perfecto balance.Fruta, acidez y dulzor en absoluta comunión.Leyenda líquida: denso, concentrado, con mil matices de mermelada y especias bajo un frescor vibrante.Dulce, rotundo e inmensamente intenso. |
Château Climens |
Petite Lily 2023 (Seco)Lilium 2023 (Seco)Château Climens (Dulce) |
Gran persistencia que retrata los suelos calcáreos de Barsac.Mayor cuerpo, pera madura y un sorprendente final salino.Pura delicadeza ingrávida; notas de azahar, té, miel y fruta escarchada suspendidas en una frescura impecable. |

