Grand Hyatt La Manga Club vistió sus mejores galas para recibir una noche donde las raíces de la huerta murciana y la técnica de vanguardia se fusionaron en pura poesía sensorial. Foto: Grand Hyatt La Manga Club Golf & Spa.
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El otoño gastronómico tiene el don de la introspección y la magia de las citas inolvidables
La gastronomíacobra una dimensión casi lírica cuando el Mediterráneo amansa sus aguas y la luz dorada baña el icónico Grand Hyatt La Manga Club Golf & Spa. Todo ha ocurrido en el marco del aclamado ciclo «Noches de Alta Cocina». Ha sido el restaurante Amapola. Aquí se vistieron sus mejores galas para recibir a Miguel Hernández, chef de Por Herencia. Este chef ha sido distinguido con un Sol Repsol y recomendado por la Guía Michelin). Trasladó la esencia más pura de la huerta y la memoria murciana a un menú efímero y magistral.
Como escribió en su día el maestro Josep Pla, «la cocina de un país es su paisaje puesto en la cazuela». Hernández no solo ratifica esta máxima, sino que la eleva a la categoría de poesía sensorial, dialogando entre las raíces ancestrales y la técnica de vanguardia.
Un arranque impecable donde el crujiente de masa madre, la tradición y los aromas del AOVE rindieron tributo a la riqueza del paisaje antes de dar paso a una secuencia llena de matices. Foto: Grand Hyatt La Manga Club Golf & Spa.
Memoria, terruño y artesanía de bienvenida
La velada arrancó con una oda al pan de masa madre de Antonio Moreno. Pan flanqueado por el desfile aromático de los Aceites de Oliva Virgen Extra de Yecla y la Almazara Deortegas. Un preludio crujiente y dorado que anticipó la delicadeza con la que Hernández rinde culto a su tierra.
Los abrebocas formaron un recorrido por la identidad murciana. Primero una sublime croqueta de chato murciano y leche de cabra de Tallante, crujiente y cremosa en un equilibrio untuoso perfecto; el chiquillo con brandada de bacalao, juego sutil de texturas e intensidades marinas y porcinas; un delicado lingote de acelga y pico de gallo que refrescó el paladar; y un impecable paté de cabrito murciano-granaíno, sedoso y profundo.
Esta secuencia inicial bailó con las burbujas refinadas del Ars Collecta Grand Rosé (D.O. Cava), cuya frescura y elegante acidez aportaron el contrapunto idóneo a la complejidad de los primeros bocados.
La sofisticación de cada pase encontró su réplica perfecta en una cuidada selección de maridajes, elevando el diálogo entre los tesoros de la tierra y los acordes marinos. Foto: Grand Hyatt La Manga Club Golf & Spa.
La huerta, el mar y la expresión del terruño
El despliegue de principales comenzó con una delicadísima quisquilla con escabeche de zanahoria, plato donde el dulzor y la tersura del crustáceo encontraron en la acidez matizada del escabeche un refugio formidable, prolongando la armonía con la fina efervescencia de Ars Collecta.
A continuación, la combinación de requesón, pistacho y trufa desveló una sutileza láctica y vegetal sublime, que halló un maridaje de altura en la mineralidad y frescura del Pinot Griggio (D.O.C. Friuli, Italia), aportando amplitud e intensidad aromática.
El paso terrenal cobró protagonismo con el plato de romero, setas silvestres y molleja de cabrito, puro perfume de monte mediterráneo y jugosidad estallante. La armonía elegida, un Juan Gil Rosado (D.O. Jumilla), aportó una nota frutosa, estructurada y chispeante que ensalzó la melosidad de la casquería fina.
Los sabores más profundos del recuerdo y los guisos memorables alcanzaron la apoteosis culinaria, abrazados por la nobleza y estructura de grandes tintos de autor. Foto: Grand Hyatt La Manga Club Golf & Spa.
Maridajes de mar, tradición y alta costura culinaria
El mar retornó con un soberbio pescado del día con beurre blanc de chato murciano, donde la riqueza del fondo porcino se fusionó con la finura de la carne marina. Para este pase, la elección de un Godeval (D.O. Valdeorras) fue un acierto rotundo: la tensión, estructura y perfil cítrico de la Godello gallega limpió y envolvió cada bocado.
La apoteosis de la memoria culinaria llegó con dos pases de marcada raigambre y contundencia elegante: las pochas en olla de cerdo y la imponente royal de rabo y foie sobre puré de patata, de una melosidad de ensueño. Ambos platos encontraron su álter ego en la potencia madura, los taninos aterciopelados y la estructura noble de Heredad Candela (D.O. Yecla), un tinto que abrazó la hondura aromática del guiso.
El dulce epílogo de la velada reinterpretó la tradición local desde una mirada refinada, dejando una huella imborrable en el ciclo «Noches de Alta Cocina». Foto: Grand Hyatt La Manga Club Golf & Spa.
Dulce epílogo con aroma a tradición
El broche de oro a una noche inolvidable llegó en dos actos dulces. En primer lugar, un memorable sabayón de moscatel e higos a la brasa, equilibrado entre la calidez del fuego y la sedosidad de la crema, perfectamente secundado por el dulzor envolvente y profundo de Amatus Tinto Dulce (D.O. Jumilla).
El remate nostálgico y brillante lo pusieron el crujiente de paparajote —guiño ineludible e insustituible a la gastronomía de la huerta— y un sofisticado milhojas de café asiático, tributo icónico a la tradición de la comarca cartagenera.
Un ciclo que deja huella en el Mediterráneo
Las «Noches de Alta Cocina» en Grand Hyatt La Manga Club continúan consolidándose como un faro gastronómico de primer orden. Tras las destacadas estancias de chefs como María Gómez (Magoga), Borja Aldea (Reina XIV) e Iván Cerdeño (El Cigarral del Ángel), el paso de Miguel Hernández revalida la premisa del ciclo: los ingredientes crean sabores, pero solo los grandes cocineros logran convertir la tradición en una experiencia imborrable.
La expectación se traslada ahora al próximo 5 de noviembre, fecha en la que Juan Guillamón(restaurante Almo, Estrella Michelin y dos Soles Repsol) pondrá el broche definitivo a este otoño gastronómico de ensueño a orillas del Mediterráneo. ¡¡No lo dudes y aprovecha esta ocasión!!.