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Las cuevas de Mallorca están formadas gota a gota con el transcurrir de los milenios
Mallorca no solo es bella en su exterior, sino que cuenta con un interior por descubrir realmente sorprendente: sus cuevas. El subsuelo posee una riqueza geológica inigualable. Las estalactitas y estalagmitas han adquirido formas caprichosas y sorprendentes que dejarán con la boca abierta a todo aquel que disfrute del subsuelo mallorquín en alguna de las cinco cuevas que se pueden visitar.
Estas son algunas de las más accesibles que bien merecen una visita durante la estancia en la isla.
Las Cuevas de Artà
Ubicadas en el interior de un acantilado y accesibles a través de una majestuosa entrada natural, las Cuevas de Artà son una de las cavidades más altas de Europa formadas por estalactitas de prodigiosas formas y extraordinarias proporciones pendiendo de una bóveda. Próximas a la playa de Canyamel, al noroeste de la isla, la ‘Reina de las columnas’ dejará ojiplático a los visitantes con sus 22 metros de altura, al igual que ‘El Infierno’, con su espectáculo de luz y sonido, o las piedras de carbono que se asemejan a diamantes a lo largo del recorrido.

Las Cuevas del Drach
En estas Cuevas del Drach se encuentra uno de los mayores lagos subterráneos del mundo, el lago Martel, con 117 metros de largo, 30 metros de ancho y 14 metros de profundidad. Además, en ocasiones se convierte en escenario de conciertos de música y, también, se pueden hacer recorridos en barco.
Pero estas cavidades, ubicadas en el municipio de Porto Cristo, no solo destacan por los bellos lagos que posee, su iluminación es otra de las maravillas que deja la visita a las cuevas. Fue el ingeniero catalán Carles Buigas, conocido como ‘el mago de la luz’ el autor de esta maravillosa obra lumínica.

Las Cuevas de Hams
Situadas también en Porto Cristo, las Cuevas de Hams, llevan este nombre por las formaciones arborescentes que la forman y recuerdan a los anzuelos, resultado de las corrientes y del trabajo de las arañas. Fueron descubiertas por el espeleólogo mallorquín Pedro Caldentey en el año 1905 y, al igual que las Cuevas del Drach, en el interior hay un lago con pequeños crustáceos prehistóricos desde donde se celebra un concierto de música clásica en una barca iluminada.


