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Sabores reales en el corazón de Montanejos: una oda a la cocina asturiana

Tiempo de lectura: 3 minutos

En este mes de julio mis sentidos se rindieron ante la majestad de la cocina asturiana en un lugar de ensueño: el Parador del Rey, en el histórico Palacio de Montanejos

Fue más que una cena y una comida; fue un viaje poético a través de los sabores y las texturas de una tierra lejana, un eco de «la vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes», como bien dijo John Lennon, y qué bendición que uno de esos «sucesos» fuese esta experiencia culinaria.

Cada plato era una estrofa, una declaración de amor a la tradición y al buen hacer. Desde el primer bocado, la fabada asturiana me envolvió en un abrazo cálido y reconfortante. Sus alubias, tiernas como suspiros, y sus compangos, sabrosos y contundentes, eran un recordatorio de que «la felicidad no es un destino, es una forma de vida», y sin duda, un plato así es el camino más corto hacia ella.

Y qué decir del cachopo, crujiente por fuera y jugoso por dentro, era una sinfonía de texturas. Cada porción era un acto de valentía gastronómica, un desafío a la gula que, por supuesto, acepté con gusto. Me vino a la mente la sabiduría de Oscar Wilde: «Siempre hay que apuntar a la luna. Si fallas, al menos aterrizarás entre las estrellas». Y con cada bocado, yo sentía que estaba alcanzando las constelaciones.

Y para coronar una tabla de quesos asturianos. Eran el broche de oro, el final feliz de un cuento que no quería que terminara. Fue la prueba irrefutable de que, como dijo Audrey Hepburn, «para tener ojos bonitos, mira por el bien de los demás; para tener labios bonitos, pronuncia solo palabras de bondad; y para tener equilibrio, camina con el conocimiento de que nunca estás solo». Y en este caso, mis ojos, labios y alma estaban en perfecto equilibrio con tanta delicia asturiana.

Si alguna vez sus pasos los llevan por Montanejos, permitan que el Parador del Rey los seduzca con los encantos de la cocina asturiana. Les prometo un festín para los sentidos, un viaje al corazón de la tradición y, quizás, un momento para reflexionar sobre la belleza de esos «sucesos» inesperados que nos regala la vida.

Renacer en las aguas del Balneario de Montanejos: una sinfonía de bienestar

La experiencia en Montanejos (Castellón) ha sido más gratificante aún… mis sentidos se entregaron a un abrazo de serenidad y renovación en el Balneario de Montanejos. Fue más que una visita; fue un ritual de relajación, un recordatorio de que «el cuerpo humano es el templo del alma», como Platón tan sabiamente afirmó.

El circuito termal fue el preludio de esta gran experiencia. Sumergirme en las cálidas aguas, sentir cómo cada tensión se disolvía con el vapor de la sauna, fue como un lento despertar. Las burbujas ascendiendo, la suave presión del agua masajeando cada músculo, me recordaron la frase de Lao Tzu: «El viaje de mil millas comienza con un solo paso». Y este primer paso, hacia la calma interior, ya prometía un destino de paz.

Luego llegó el peeling corporal, un acto de despojo y renacimiento. Sentir cómo la piel se liberaba de lo viejo, revelando una nueva superficie, suave y radiante, fue una metáfora viviente de «no se puede cruzar el mar simplemente mirando el agua», como dijo Rabindranath Tagore. Había que sumergirse, sentir la exfoliación, para emerger transformado. Cada grano, cada fricción…

Y para culminar esta sinfonía de bienestar, el masaje relajante. Las manos expertas, danzando sobre mi piel, desataron nudos y liberaron el espíritu. La música suave, el aroma envolvente, todo contribuía a un estado de flotación, de abandono.

El Balneario de Montanejos, con sus aguas curativas y su entorno de naturaleza virgen, se erigió como el santuario para esta experiencia. La profesionalidad de su personal, la limpieza impoluta de sus instalaciones y la atmósfera de respeto y calma, hicieron de esta jornada un hito en mi búsqueda de equilibrio.

Si alguna vez buscan un refugio para el alma, un lugar donde el tiempo se detenga y el cuerpo se reconecte con su esencia, les insto a visitar el Balneario de Montanejos.

Ana Belén Toribio
Ana Belén Toribio
Periodista y sumiller. CEO y Directora.

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