Donde la máscara no oculta, sino que revela la verdadera esencia del hombre en el Entrudo. Foto: Gastroystyle.
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Como escribió alguna vez Miguel Torga, el gran bardo de estas tierras, «Trás-os-Montes es un reino maravilloso». Y no hay momento en que ese reino se manifieste con mayor fuerza telúrica que durante el Entrudo, esa grieta en el tiempo donde lo pagano y lo sagrado se funden bajo el estruendo de los cencerros
Del 14 al 17 de febrero de 2026, emprendimos un viaje que no fue solo geográfico, sino antropológico. Un descenso a las raíces de la Raya, allí donde Portugal se confunde con España y donde la máscara no oculta, sino que revela la verdadera esencia del hombre.
Sábado, 14 de Febrero: el sabor de la resistencia
La expedición arranca con la puntualidad de quien sabe que el destino lo aguarda. A las 9:00h, el coche inicia la huida del asfalto madrileño. Cruzamos la frontera invisible y, para las 13:00h, el aire ya huele distinto: es el aire puro, cortante y honesto de Bragança (Portugal).
El ritual del Butelo y las Casulas
Si la antropología se pudiese comer, sabría a lo que probamos a las 13:00h en el Restaurante Solar Bragançano. Aquí, la gastronomía no es ocio, es identidad. Nos enfrentamos al Butelo con Casulas. El Butelo es un embutido de espinazo y costilla de cerdo, una oda al aprovechamiento; las casulas son las vainas de los frijoles secas, un ingrediente que habla de inviernos largos y despensas sabias.
Como decía Jean Anthelme Brillat-Savarin: «Dime qué comes y te diré quién eres». En Bragança, son gente recia, generosa y profundamente ligada a su tierra.
La memoria en los museos
La tarde nos llevó al Museo de la Castaña y al Museo del Abade de Baçal. Allí, la exposición «Tradiciones de Invierno»nos preparó para lo que veríamos en las calles. Las máscaras de cuero, madera y latón nos observaban desde las vitrinas con ojos milenarios. Entendimos pues que el Careto no es un disfraz de carnaval, es un espíritu de fertilidad y caos que despierta tras el solsticio de invierno.
Domingo, 15 de Febrero: las venas abiertas de la Raya
Amanece con una bruma que acaricia los tejados de pizarra. A las 9:30h llegamos a Rio de Onor. Aquí las fronteras son una invención burocrática. Esta aldea comunitaria vive con un pie en Portugal y otro en España (Rihonor de Castilla).
«La frontera no es una línea, es un lugar de encuentro», nos comenta un lugareño.
Vimos cómo la gestión del agua y los pastos sigue respondiendo a leyes ancestrales de vecindad que ignoran los mapas de Lisboa o Madrid. La visita a la Fraga de los Tres Reinos y al Museo del Contrabandofue un recordatorio de que, durante décadas, la supervivencia aquí dependía de la astucia y del conocimiento de los senderos nocturnos.
El estruendo de Ousilhão
Nos espera un almuerzo reparador en Vinhais, la capital del ahumado, en la Tasca do Medio que se revela como el refugio auténtico donde el sabor tradicional del embutido cobra vida en cada bocado.. Después nos dirigimos a Vila Boa de Ousilhão. Aquí vivimos el primer impacto real del Entrudo de los Máscaros. Los jóvenes del pueblo, ataviados con trajes de flecos de colores y máscaras que parecen salidas de una pesadilla febril, corren tras las mujeres y los visitantes. Es un rito de purificación, un desorden necesario para que el orden vuelva en primavera.
Cenamos en el Restaurante Flor de Sal en Mirandela (Portugal), un contrapunto de sofisticación antes de descansar en el Boutique Wine Hotel Panorama, con vistas a un horizonte que parece no tener fin.
En el corazón de Trás-os-Montes, el Careto es el espíritu libre que desafía al tiempo.
Lunes, 16 de Febrero: el día de los mil cencerros
Este es el clímax. El lunes es el día de Podence. Pero antes de la locura, buscamos la calma en el Geoparque Terras de Cavaleiros. Navegar en una embarcación solar por las aguas tranquilas del embalse del Azibo nos permitió entender el soporte geológico sobre el que se asienta esta cultura. El «geocruceiro»es una lección de historia de la Tierra grabada en piedra. Y además le puedes sumar una enogastronomía que lo enriquece aún más. Absolutamente recomendable.
Podence: patrimonio de la humanidad
A las 15:30h, Podence deja de ser una aldea para convertirse en un volcán. El Entrudo Chocalheiro no se ve, se padece (en el mejor de los sentidos). Los Caretos de Podence, con sus trajes de lana roja, verde y amarilla, y sus cinturones cargados de cencerros (chocalhos), saltan y «chocalham» a las mujeres en un rito de fertilidad que la UNESCO protegió con justicia.
Visitamos la Casa del Careto, pero el verdadero museo está en las bodegas. La Ronda de Bodegas es el alma de la fiesta: puertas abiertas, vino de la casa y un sentido de comunidad que hoy parece en peligro de extinción en las grandes ciudades. Como decía Oscar Wilde: «Dad una máscara al hombre y os dirá la verdad».Bajo el anonimato del metal, el Careto es libre.
Despidiendo el rugido de los cencerros en el corazón del carnaval transmontano males del año bajo el calor hipnótico de la hoguera en el «reino maravilloso. Foto: Gastroystyle.
La magia del fuego
La noche en Podence fue inolvidable. Tras el Pregón Casamentero (donde se anuncian con ironía parejas ficticias del pueblo), el Desfile de la Máscara Mágica iluminó las calles. El día terminó con el Fuego y Magia Ritual, una enorme hoguera donde se quema un careto gigante para despedir los males del año. El calor de las llamas contra el frío de la noche transmontana creó una atmósfera casi hipnótica.
Macedo de Cavaleiros hacia los Lagos do Sabor en invierno. Foto: agencia.
Martes, 17 de Febrero: el regreso al paisaje
El último día es para la reflexión y el paisaje. Salimos de Macedo de Cavaleiros hacia los Lagos do Sabor. Los miradores nos ofrecieron una perspectiva de la inmensidad del Duero superior y sus afluentes. Es un paisaje modificado por el hombre pero que conserva una salvaje belleza.
Nuestra parada gastronómica se centra en el restauranteBaraço que es un templo de la cocina tradicional portuguesa donde el chuletón a la brasa y el ambiente acogedor rinden un homenaje auténtico a los sabores del terruño.
El broche de despedida lo puso el Entrudo tradicional de Santulhão. Más íntimo, menos mediático que Podence, pero con una autenticidad que te eriza la piel. Fue el recordatorio de que cada aldea de Trás-os-Montes es un guardián de un secreto diferente.
Conclusión: el viaje de vuelta
Regresamos a España con los oídos aún resonando por los cencerros y el paladar marcado por el sabor de la brasa y el vino. El Carnaval Transmontano no es un espectáculo para turistas; es la resistencia de un pueblo que se niega a olvidar quién es.
En un mundo cada vez más digital y aséptico, Trás-os-Montes nos recuerda que somos seres de carne, barro, fuego y máscara. Volvemos sabiendo que, como dice el proverbio local, «quien viene a esta tierra, siempre deja un pedazo de su alma».
El estruendo de los cencerros en Podence, un rugido de fertilidad que hace temblar la tierra. Foto: agencia.