Tiempo de lectura: 2 minutos“Honor siempre a la memoria
Llega la Semana Santa y -durante unos días- cambiaremos nuestros gustos gastronómicos
Los dulces -sobre todo los conventuales- van a tomar protagonismo. Desde las torrijas hasta las cagarrias de San Furcito o las monas catalanas. Las “especialidades” estos días varían según los lugares. Al potaje de garbanzos le añaden en Murcia judías blancas y también toman buñuelos de bacalao.
En Corral de Almaguer (y en toda la provincia toledana) será el tiznao (patatas, bacalao y huevo) y en Cuenca el atascaburras (parecido al anterior). En Galicia el Viernes sobe todo bacalao con garbanzos. En Zamora dos y pringada (par de huevos fritos con loncha de jamón y patatas fritas). En Extremadura hornazos, bollos dormidos y empanadillas. En Guadalajara frituras rebozadas en azúcar y canela o bañadas con miel, Pelusas de Cabanillas, cagarrias de San Furcito o sombreritos.

En Castilla y León están las rosquillas de palo y trancalapuerta. En Andalucia, gachas, pestiños y torrijas… y las tortillitas de camarones de Cádiz o las figuritas de Priego. En Valencia, Cataluña y Mallorca, monas. En Madrid -además de los huesos de santo- los penitentes de Alcalá de Henares.
Hace años que pasaron a la historia las prohibiciones de comer carne (y embutidos) sustituidos por el pescado, seguramente porque Jesús y los apóstoles eran pescadores y multiplicó los peces para que todos comieran. El viernes era el principal día de la prohibición. Curiosamente -en antiguas religiones- era el día dedicado a la diosa Venus (que estaba simbolizada por un pez).
Destacan sobre todo los Huevos de pascua con muchas variantes, el bacalao, o las sopas de ajo a las que se echa mucho pimiento- puede que para recordar la carne- como en la Semana Santa de Zamora, para terminar con el Hornazo del Domingo de Resurrección.


