Dado que estamos en la época del año que hay un mayor consumo de champagne y tras una rica lubina salvaje al horno he decidido abrir una botella de champán Roualet Brut Rosé recién llegado de Francia y maridarlo con un Partagás Línea Maestra Rito, uno de los últimos Habanos llegados a las cavas de puros españolas
En Champaña desde hace más de cuatro siglos, la familia Roualet permanece agrupada en torno a Champillon con tres generaciones sucesivas de viticultores desde que en 1945 se creara la bodega Roualet Pere et Fils.
La Maison Roualet tiene su propio viñedo. Se encuentra principalmente en el valle del Marne, entre Champillon y Dizy. Aquí es donde sevcultivan las tres variedades de uva de Champaña (Pinot Noir, Pinot Meunier y Chardonnay). El suelo, por su lado es calcáreo. Dispone de una hermosa exposición soleada esencial para la buena madurez de las uvas.
En una copa de tulipa, que es actualmente la que más se utiliza, he dejado verter el Roualet Brut Rosé, que contiene un 100% de uvas Pinot Noir. Está elaborado adecuadamente con el contacto de las pieles en el mosto que le da el color rosado. Además, dispone de una crianza de tres años en botella en segunda fermentación y es el resultado de la maceración corta de las uvas tintas.
El habano para la ocasión, Partagas Línea Maestra Rito, reúne varias características especiales. Es uno de los últimos lanzamientos de esta marca centenaria de Habanos. Lleva una buena cantidad de tabaco. Su denominada cabeza tumbada requiere de un corte especial que no se parezca casi en nada al que hacemos a un parejo.
Con sus 168 milímetros de longitud y su cepo 52 el “hermano mayor” de esta línea de Partagas es un cigarro que tiene un peso de tabaco del entorno a los 19 gramos. Su especial cabeza y sus tabacos requieren lógicamente de un torcido en las manos de un buen experto.
Una vez realizado el corte y el encendido, el cual trato de hacerlo siempre con cerillas dado su buen diámetro (20,63 mm.). Ya en las primeras aspiraciones podemos percibir su carácter y la persistencia de sabores de su ligada.
La maceración con las pieles de las uvas tintas le da al champagne rosado su tono vibrante. Dispone de una intensidad en nariz y boca que no se encuentra en otras variedades. Esto es lo que supone que al avanzar la combustión regular de nuestro Partagas podemos observar la categoría de las burbujas del champán. El tamaño, la persistencia y la frecuencia de la burbuja, junto con la brillantez y luminosidad nos dan cuenta de que es un rosado de magnífica elaboración.
Los rastros intensos del tabaco bien añejado de nuestro habano se conjuntan en la boca con los tonos dulces y bien afrutados del champán. Éste, al ser brut deja mayor persistencia de sabores melosos ya que solamente tiene 5 gramos de azúcar por litro.
Con entrada fresca y agradable, afrutada en la segunda mitad y un final con finura del Roualet Brut Rosé lo convierten en una bebida compleja. Una bebida llena de matices que la diferencian del champagne tradicional. Pero que casan a la perfección con la intensidad de la fortaleza del tabaco negro cubano de nuestro cigarro que avanzada la combustión deja pimienta y especias.
La dulzura y huellas del vino francés hacen que su encuentro en boca con el humo de buena densidad y el perfecto tiro del Partagas sea una verdadera delicia que nos ha durado algo más allá de una hora.