Y ahora disfruta de su Menú Especial de Caza y Setas hasta el 20 de febrero. Foto: agencia.
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Hay lugares que no solo abren sus puertas, sino que abren una grieta en la monotonía. Y así, con la majestuosidad discreta de lo que está destinado a ser leyenda, ha irrumpido Barbudo en el solemne barrio de Salamanca
No es solo un restaurante, es un susurro de arte en el bullicio, la prueba de que «El único modo de hacer un gran trabajo es amar lo que haces» (Steve Jobs).
El proyecto, nacido de la química entre el chef José Carlos Fuentes (esa estrella Michelin que es faro) y el mixólogo Juan Lizárraga (cuyo shaker parece contener la vía láctea), es un manifiesto: la cocina castiza tiene alma de autor.
Al cruzar el umbral de Príncipe de Vergara 57, uno entiende que el ambiente cosmopolita no está reñido con las raíces. Es un espacio que te abraza, te invita a soltar las prisas del asfalto madrileño y a rendirte al momento. Es aquí donde la célebre frase de Oscar Wilde cobra vida: «La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella». Y vaya que caí.
En Barbudo no se complican lo que ya es casi perfecto: ingredientes frescos, técnica impecable y ese toque ahumado que nos define. Ven a descubrir por qué nuestra cocina es el secreto mejor guardado de la zona. Foto: agencia.
Del tapeo al éxtasis: sabores con memoria
Mi odisea comenzó en la barra, ese púlpito de la espontaneidad. El brioche de steak tartar de picaña madurada es una sinfonía en miniatura, un bocado que te detiene el pulso. Pero fue el bikini de rabo de toro con queso Comté el que me reveló el genio: un guiño irreverente a lo clásico, una capa de seda sobre un músculo de sabor.
Acompañé estos prolegómenos con un cóctel de Lizárraga, una copa que era un lienzo líquido. La coctelería de autor aquí es, sin duda, de altura.
Descendí al comedor, y el ritmo cambió, se hizo más pausado, íntimo. La carta es un poema a la temporalidad, un homenaje al producto que se despoja de artificios innecesarios. El canelón XXL de faisán es opulencia en la mejor acepción; un plato de fondo, profundo y consolador.
Pero, el punto de inflexión, el plato que me hizo detener la cuchara y reflexionar, fueron los garbanzos con rabo de toro, foie deshuesado y piparras. Una oda a la abuela, pero con un tatuaje de modernidad. Cada cucharada era un viaje al pasado con billete de primera clase al futuro.
Del bosque a tu mesa: ya está aquí nuestro menú de caza y setas. Ven a conocerlo hasta el 20 de febrero. Foto: agencia.
Y entonces, el clímax. El postre. El famoso “pedacito de cielo”: una torrija con helado de caramelo y algodón de azúcar. Y sí, amigos, hace honor a su nombre. Es el broche perfecto, el último verso de una balada perfecta, demostrando que la felicidad es a menudo una cosa comestible, tal como reza su lema: “Barriga feliz, alma feliz”.
Barbudo no es caro, es valioso. Con su aperitivo de ostras y champagne Mumm Millésimé, Fuentes y Lizárraga no solo democratizan la exclusividad, sino que la hacen irresistible. Han creado un nuevo punto de encuentro en la capital, un refugio para aquellos que buscan sabores auténticos con un giro cosmopolita y donde la noción del tiempo se desvanece por completo.
Si buscas la conjunción de raíces, técnica impecable y un ambiente que fomenta el disfrute, tu destino es la mesa del Barbudo. «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy» (Proverbio popular). O en este caso, «No dejes para mañana el garbanzo con rabo de toro que puedes comerte hoy».
Y desde enero y hasta el 20 de febrero un menú de cenas de setas y caza por 85.- euros armonizado por otros 25.- euros.