Presentación oficial de la 32.ª edición de "La Mejor Fabada del Mundo 2026". El certamen calienta motores con la mirada puesta en la gran final del 21 de abril en Villaviciosa. Foto: Ruperto de Nola.
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El concurso se presenta en Madrid y apunta a Villaviciosa
Si pensabas que la fabada era solo un plato de cuchara para los domingos fríos, piénsalo de nuevo. LaMejor Fabada del Mundo 2026 ha llegado para demostrar que este guiso asturiano puede codearse con los grandes de la alta cocina y despertar pasiones gastronómicas en toda España. La gran final se celebrará el 21 de abril en Villaviciosa, y la presentación oficial del concurso se hizo en el restaurante Adela Besteiro, cuya dueña es Adela Besteiro, cocinera mítica de la fabada y de la cocina asturiana.
Adela, que durante años fue la chef del restaurante Casa Hortensia, trasladó allí su cocina asturiana de primer nivel y ahora ofrece un espacio más íntimo y acogedor, donde los comensales pueden disfrutar de sus platos estrella, incluida su fabada premiada, con tranquilidad y sin prisas. Su trayectoria y reputación son la prueba de que este plato humilde puede convertirse en auténtico arte gastronómico.
Rocío Vega, concejala de Desarrollo Local del Ayuntamiento de Villaviciosa, resumió el espíritu del concurso: “Os esperamos a todos en Villaviciosa y sus restaurantes”. Desde su creación, el certamen ha impulsado las Xornaes de les Fabes, que este año cumplen su 32.ª edición, consolidando a Villaviciosa como el epicentro de la excelencia fabadera y la meca para los amantes del buen guiso.
Cándido Antonio Sánchez, secretario de la Cofradía de Amigos de les Fabes, añadió: “Gracias a este concurso y a los cocineros asturianos, un plato humilde como la fabada ya está presente en algunos de los mejores restaurantes del mundo”. Y no lo dice por decir: la fabada ha entrado con fuerza incluso en restaurantes con estrella Michelin, donde su calidad y placer gastronómico justifican cada cucharada.
El concurso celebra 32 años impulsando el rigor culinario y transformando restaurantes locales en templos gastronómicos de referencia mundial. Foto: Ruperto de Nola.
Competencia, glamour y el fenómeno de la fabada
Este concurso no es solo un certamen, es un motor de mejora constante. En la vida no hay nada como competir de manera honesta, sin trucos y con rigor: obliga a los restaurantes a superarse año tras año, perfeccionando la receta, el caldo, el compango y hasta la disposición de las fabas en el plato.
El efecto es tangible: el ganador multiplica su facturación por muchas veces, y su restaurante pasa a ser mítico en el mundo de la fabada, convirtiéndose en un referente para aficionados y profesionales. Este fenómeno ha ocurrido de manera consistente durante los 32 años del concurso, convirtiéndolo en un verdadero trampolín para la excelencia gastronómica asturiana.
Otro logro del certamen es cómo la fabada ha subido de nivel. Lo que antes era un plato de cuchara humilde, ahora figura en restaurantes de alta cocina, incluidos algunos con estrella Michelin. La combinación de ingredientes de máxima calidad, técnica depurada y sabor exquisito ha elevado la fabada a un lugar que pocos platos tradicionales alcanzan:
“Recuerdo que hace ya mucho tiempo se decía que no había nada tan hortera como un bocadillo de fabada… pues a día de hoy se puede afirmar que la fabada alcanza el glamour a través del virtuosismo de su preparación, la calidad de los ingredientes y la mejora continua durante 32 años… de seguir así quien sabe si llegara a patrimonio de la humanidad!”
Adela Besteiro, leyenda de la cocina asturiana, ejerce de anfitriona en un concurso que ha elevado la fabada desde las mesas familiares hasta los altares de la Guía Michelin. Foto: Gastroystyle.
Adela Besteiro encarna este fenómeno. Su trayectoria refleja cómo una cocina tradicional, hecha con pasión y rigor, puede alcanzar cotas de excelencia sin perder su esencia: sencillez, sabor y autenticidad. Su restaurante actual ofrece una experiencia más tranquila, donde los platos se disfrutan con calma, y cada cucharada se convierte en un pequeño ritual de placer.
El jurado de la gran final reúne un elenco de excepción, capaz de decidir qué fabada merece el título supremo. Entre los más destacados están:
Isaac Loya (Real Balneario de Salinas, 1 Estrella Michelin)
Luis Alberto Martínez (Casa Fermín)
Joaquina Rodríguez (Casa Chema, 2 veces vencedora del certamen)
Gregorio García (Oleum)
Juan Antonio Duyos, Marcos Grana (Director de Área Asturias de Makro)
David Fernández-Prada (Gustatio)
Estos expertos evaluarán el sabor, aroma, textura de la faba y compango, así como la estética y presentación de cada plato, para decidir quién se lleva el título de La Mejor Fabada del Mundo 2026.
El concurso celebra 32 años impulsando el rigor culinario y transformando restaurantes locales en templos gastronómicos de referencia mundial. Foto: Ruperto de Nola.
Reglas y criterios del concurso
Para los aficionados y los más curiosos, estas son las normas que marcan la diferencia entre una fabada buena y una fabada histórica:
Estética y presentación: fabas enteras, caldo limpio y ligado, disposición armoniosa. Comer con los ojos también cuenta.
Compango aparte: chorizo, morcilla y tocino se presentan separados para su evaluación independiente. Representa 5 puntos sobre 20 (25 % de la nota final).
Morcilla al poder: aporta gran parte del sabor al caldo; una morcilla defectuosa puede arruinar todo el guiso.
Lo que se penaliza: trozos enormes de tocino, cebolla mal picada y embutidos poco emulsionados.
Caldo equilibrado: sin exceso de azafrán ni sabores ajenos. Debe ser limpio, sabroso y armonioso.
La faba, reina absoluta: representa casi la mitad de la puntuación total. Debe estar entera, sin roturas, sin pieles flotando y perfectamente cocida. Se aceptan fabas secas o frescas congeladas, conservando toda su frescura y sabor.
En conjunto, el Concurso de la Mejor Fabada del Mundo 2026 demuestra que la fabada no es solo un plato de cuchara, sino un espectáculo gastronómico, un reto de competencia honesta y un trampolín para restaurantes que buscan trascender. Con cada edición, los platos mejoran, los restaurantes ganan reputación y los estómagos salen felices… y algo más exigentes para siempre.