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Ciento cincuenta otoños dorados han tejido la leyenda de Brandy Fundador, desde aquel 1874 donde la alquimia jerezana alumbró su ser hasta este 2024 que celebra su siglo y medio
Como un río de ámbar que fluye desde las venerables bodegas de Jerez de la Frontera, Fundador no solo atesora el eco de generaciones pasadas, sino que proyecta su aroma inconfundible hacia horizontes aún por conquistar.
En el corazón mismo de la cuna del vino andaluz, donde el sol acaricia las vides y el aire huele a mosto añejo, Bodegas Fundador se erige como un templo del tiempo. Desde 1730, sus muros han sido testigos de la paciente danza entre la tradición y la audacia, alumbrando no solo vinos que cantan a la tierra, sino también la primigenia esencia del brandy, un espíritu que hoy despliega su madurez con la vitalidad de una segunda juventud.
Bajo el manto del Grupo Emperador, Fundador ha encontrado un nuevo impulso, una brisa fresca que hincha sus velas hacia mercados lejanos. Es un instante propicio para detener la mirada en el espejo del ayer. También contemplar el presente con la sabiduría de los años. Además de soñar con las cosechas futuras, donde la tradición se entrelaza con la sed de nuevos paladares.
Ángel Piña, custodio de este legado y artífice de su devenir, describe con pasión el asombro que Fundador despierta: un sencillo «guau» que brota al contacto con su sabor clásico, una melodía ancestral que aguarda ser descubierta por nuevas sinfonías de labios.


