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La A de Pago de Cirsus: un viaje sensorial al corazón de Navarra

Tiempo de lectura: 5 minutos

En el vasto territorio de la viticultura española, donde cada vid susurra historias centenarias y cada terruño guarda secretos ancestrales, surge una joya que se distingue por su elegancia y su profundo arraigo: La A de Pago de Cirsus

Más que un vino, es una declaración, una sinfonía de sentidos que nos invita a explorar la esencia de Navarra, capturada en cada gota.

Es en el corazón de la Finca Bolandín. Aquí donde la tierra susurra historias ancestrales y el sol besa las vides con su dorado aliento, nace un prodigio vinícola: la edición especial de botellas numeradas La A de Pago de Cirsus.

No es un vino común; es una promesa embotellada, un elixir reservado solo para paladares que anhelan la excelencia, aquellos que, como dijo Leonardo da Vinci, «saben que el detalle hace la perfección, y la perfección no es un detalle».

Desde el instante en que la botella desvela su etiqueta, un velo de misterio y promesa nos envuelve. El nombre, «La A», es una oda a la «A» de autenticidad, la primera letra de un abecedario de sensaciones. Es la «A» de arraigo, de la conexión inquebrantable con la tierra que lo vio nacer. Y es, sin duda, la «A» de arte, el arte de transformar la uva en una experiencia sublime.

Al descorcharlo, un susurro se escapa, anunciando la llegada de un néctar que ha dormido pacientemente, madurando en la penumbra de la barrica. El vino se vierte en la copa, y su color rojo picota intenso, con destellos granates, es un preludio visual de la profundidad que aguarda. Es un color que evoca la tierra fértil de la Finca Bolandín, donde las viñas de Pago de Cirsus se extienden bajo el sol mediterráneo, acariciadas por el cierzo navarro.

Elixir numerado: un canto líquido a la perfección

Este tesoro es fruto de la unión armoniosa de dos almas nobles: la syrah, cosechada en la primera semana de octubre, cuando su madurez alcanza la plenitud, y la cabernet sauvignon, que aguarda hasta finales de octubre para revelar su carácter. Uvas que no son simplemente recolectadas, sino seleccionadas a mano. Seleccionadas con la delicadeza de un orfebre, de parcelas cuidadosamente reservadas. Cada grano es un fragmento de un sueño.

Su elaboración es un ritual sagrado. Tras una maceración pre-fermentativa en frío a 5 ºC durante 96 horas, las uvas inician su transformación en pequeñas tinas de roble. Pero es en la crianza donde este vino adquiere su alma. 18 meses de reposo en barricas nuevas de roble francés, procedentes del legendario bosque de Allier, lo modelan y lo pulen. Aquí, en la penumbra y el silencio, el tiempo se convierte en un escultor invisible, forjando un carácter que solo las añadas más excepcionales pueden ofrecer. Por ello, cada botella ostenta un número de edición, no una añada, un testamento de su exclusividad. «El tiempo es el mejor autor», sentenció Francis Bacon, y en este vino, el tiempo ha escrito una obra maestra.

Un viaje sensorial inolvidable

Su apariencia es una invitación al asombro: una tonalidad rojo picota profundo, que evoca la riqueza de las joyas y la intensidad de un atardecer en el campo.

Acercamos la copa, y un aroma complejo y seductor inunda el aire. Notas de frutos rojos maduros, como la cereza y la grosella roja, se entrelazan con toques especiados de vainilla, clavo y canela, resultado de su paciente estancia en roble francés y americano. Emergen también matices balsámicos, quizás un recuerdo de los pinos que bordean los viñedos, y un sutil toque de cacao, que nos transporta a paisajes lejanos y exóticos. Es un bouquet que habla de equilibrio, de armonía, de la «A» de artesanía con la que cada etapa de su elaboración ha sido cuidada. Como bien dijo Ernest Hemingway: «El vino es la cosa más civilizada del mundo», y en este caso, es la personificación de la elegancia y la sofisticación.

Al descorchar esta edición especial, se desvela un universo de sensaciones. Acercamos la copa, y la nariz es asaltada por una complejidad notable. Aromas a cuero curtido nos transportan a antiguas bibliotecas y viajes lejanos, entrelazándose con la dulzura amarga del cacao fino y la vivacidad de la fruta confitada. Hay ecos de bayas negras silvestres y un toque de especias picantes, un eco de la tierra que lo vio nacer. Es todo un concierto olfativo, donde cada nota contribuye a una sinfonía única, como si, en palabras de Johann Wolfgang von Goethe, «la música fuese el alimento del alma».

Y llega el momento cumbre: el primer sorbo. «La A de Pago de Cirsus» acaricia el paladar con una estructura elegante y redonda. Los taninos son pulidos y sedosos y dan una sensación aterciopelada que envuelve la boca. La fruta vuelve a aparecer, ahora más nítida, acompañada de un frescor vibrante que equilibra la riqueza del conjunto. El final es largo y persistente, dejando un recuerdo imborrable de su paso, una huella de la «A» de autenticidad que lo define. Es un vino que invita a la reflexión, a la conversación, a la celebración. Como decía Galileo Galilei, «El vino es la luz del sol, unida por el agua de la Tierra», y en esta copa, esa luz brilla con intensidad.

En la boca, este vino es una revelación. Sedoso, goloso y brillante. Acaricia el paladar con una elegancia inigualable. No es solo un vino, es una experiencia. La fruta limpia se entrelaza con notas minerales y saladas, que añaden una longitud y persistencia excepcionales al retrogusto. Es muy complejo e intenso, con taninos que son como susurros suaves, aterciopelados, sin aristas. Es un vino expresivo, poderoso e intenso, bien tramado, que se revela capa a capa, mostrando un equilibrio que solo la naturaleza y el cuidado experto pueden lograr.

El maridaje perfecto: un homenaje al paladar

Este elixir, con su 15% vol. de alcohol y una temperatura ideal de servicio de 15º a 17º C, está destinado a ser el compañero perfecto para los grandes momentos y los paladares exigentes. Su intensidad y complejidad lo convierten en el aliado ideal para platos de cuchara contundentes y de mucho sabor, capaces de realzar sus matices. Es la pareja ideal para carnes rojas magras, donde su estructura y taninos suaves abrazan la riqueza de la carne, creando una sinergia inigualable.

«La A de Pago de Cirsus» no es solo un vino, es una experiencia que trasciende lo meramente gustativo. Es un viaje al alma de Navarra, a la pasión de sus gentes, a la sabiduría de una tierra que regala tesoros. Es la confirmación de que la excelencia se construye con dedicación, con respeto por la naturaleza y con la búsqueda incesante de la perfección. En cada botella, hay una historia contada, un poema embotellado, una «A» mayúscula en el diccionario de los grandes vinos.

Esta edición especial de botellas numeradas, con sus uvas seleccionadas a mano de parcelas reservadas de la Finca Bolandín, es más que un vino; es una obra de arte líquido, un tributo a la paciencia y a la pasión. Es un recordatorio de que, a veces, la verdadera belleza se encuentra en lo excepcional y en lo exclusivo. ¿Estás listo para descorchar la perfección?.

Ana Belén Toribio
Ana Belén Toribio
Periodista y sumiller. CEO y Directora.

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