InicioGASTRONOMÍALas rosquillas de San Isidro al detalle

Las rosquillas de San Isidro al detalle

Tiempo de lectura: 4 minutos

Rosquillas de San Isidro: guía definitiva para diferenciarlas y cómo elaborar en casa las rosquillas más madrileñas que el chotis

¡Oh, mayo florido en el corazón de Madrid!… Tus calles despiertan con el alegre trino de claveles carmesí, besando el adoquín, mientras los chulapos, con garbo divino, danzan al son de un organillo sin fin.

El aire se embriaga, sutil peregrino, con la esencia de azahar y un recuerdo sutil de limón y azúcar, cual rocío matutino, envolviendo la ciudad en un mágico añil. Es tiempo de sonrisas, de mantones de seda, de historias bordadas en cada florido perfil, y de dulces que evocan la memoria más leda.

Y en este lienzo de fiesta, con pincel febril, las rosquillas emergen, cual tesoro que hereda la tradición castiza, con su sabor gentil. Tontas, listas, francesas, de Santa Clara, ¡qué dilema!. Un universo de texturas, un abanico sutil, que Pazo de Vilane desvela con alma suprema.

Con la sabiduría de quien la tierra mima, nos cuenta sus secretos, con detalle sutil, y comparte la alquimia de su receta íntima. Recuerda el sortilegio, el ingrediente sutil, del huevo campero, de yema que fulgura y rima con la cáscara fuerte, cual pétreo redil.

Las tontas, las listas, las francesas y las de Santa Clara ¿cuál es cuál?.

Las tontas, sencillas, de alma pura y castiza, su textura humilde invita a un sorbo sutil, en leche o café, donde su esencia se desliza. Estas rosquillas no llevan ningún tipo de cobertura, por lo que son ideales para mojar en leche, café o chocolate. Son las más antiguas, de sabor añejo y gentil, la raíz dulce de esta tradición que hechiza ¡por lo que concentran en su masa la esencia más pura de la repostería castiza!.

Las listas, engalanadas, con gracia y donaire, comparten su alma con la tonta, sutil, pero un velo de azúcar, huevo y limón las reviste, ¡qué aire! Un sabor afrutado, con un punto febril, que enamora a los «gatos» con su encanto singular. Las rosquillas listas son las favoritas por estadística de la mayoría de los madrileños. Comparten masa con las tontas, pero se diferencian de estas en la cobertura de azúcar, huevo y limón que las viste de gala para la ocasión. Es este sabor afrutado con un suave toque de acidez el que las hace tan atractivas entre los gatos.

Las de Santa Clara, cual blanca aparición, desde el monasterio nos llegan, con fulgor sutil, cubiertas de merengue, cual nevada estación. Horneadas con mimo, de corazón gentil, crujientes por fuera, esponjosas con devoción. Las rosquillas de Santa Clara son, probablemente, las más conocidas fuera de la provincia. Reciben este nombre porque fueron elaboradas por primera vez en el Monasterio de la Visitación por las mojas de Santa Clara. Su factor diferencial es el merengue blanco que cubre la rosquilla como un sombrero de nieve. El truco está en hornearlo cuidadosamente para que adquiera una textura firme por fuera y esponjosa por dentro.

Las francesas, nacidas de un regio antojo, creación de un galo, con arte sutil, para una reina que ansiaba un dulce despojo. Almendra picada y azúcar, con brillo sutil, sofisticación crujiente, para el paladar más prolijo. Las rosquillas francesas fueron creadas por el repostero francés del rey Fernando VI, bajo petición de su mujer Bárbara de Braganza, quién estaba cansada de merendar siempre rosquillas desnudas, sin complementos. Esta versión de las rosquillas del Santo está cubierta por almendra picada y azúcar glass, consiguiendo así un aspecto más sofisticado y una textura crujiente.

Así, Madrid se engalana, con sabor y color, y las rosquillas, con su encanto sutil, son el dulce emblema de este alegre fervor. Que este San Isidro, con su magia sutil, nos deje en el alma un recuerdo de amor.

Receta rosquillas San Isidro

Ingredientes (para 40 rosquillas)

  • 4 huevos camperos Pazo de Vilane

  • 100 g de azúcar

  • 80 ml de aceite

  • 60 ml de licor de anís dulce

  • 1 cucharadita de semillas de anís

  • 400 g de harina

  • 2 cucharaditas de levadura

  • Una pizca de sal

  • Clara de huevo para pintar

  • Para el almíbar:

    • 400 ml de agua

    • 250 g de azúcar

  • Para el merengue:

    • 100 g de azúcar

    • 100 ml de agua

    • 1 clara de huevo

    • Algunas gotas de limón

Elaboración

  1. Precalienta el horno a 200º. Tamiza la harina junto con la levadura, añade las semillas de anís y reserva.

  2. En un bol grande, coloca los huevos con el aceite de oliva, el licor de anís, el azúcar y una pizca de sal. Bate con unas varillas manuales o eléctricas hasta que la mezcla se vuelva esponjosa. Luego agrega poco a poco la harina, mezclando hasta obtener una masa homogénea.

  3. Enharina ligeramente la superficie de trabajo y vuelca la masa. Amasa durante unos 5-8 minutos. Aunque te resulte demasiado pegajosa y creas que necesitan más harina, no lo hagas o las rosquillas te quedaran duras. El resultado final de la masa debe ser suave y blando.

  4. Forra una bandeja de horno con papel vegetal. Toma porciones de masa de unos 30 g y, con las manos, forma las rosquillas, procurando que no queden demasiado gruesas, ya que aumentan bastante de tamaño al hornearse.

  5. Colócalas en la bandeja y pincélalas con la clara de huevo para que se doren bien. Precalienta el horno a 200ºC y hornea durante 10-12 minutos, hasta que estén doradas.

  6. Mientras, calienta el agua y el azúcar en una cazuela hasta que se disuelva. A continuación, y con el almíbar templado, sumerge las rosquillas en él y ponlas a secar sobre una rejilla.

  7. En otra cazuela calienta el agua con el azúcar hasta que empiece a hervir. Deja que cueza a fuego suave durante aproximadamente 10 minutos, hasta que espese.

  8. Monta la clara de huevo a punto de nieve, incorpora el almíbar lentamente en un hilo muy fino sin dejar de batir las claras y añade unas gotas de limón para obtener un merengue más blanco y brillante. Sigue batiendo hasta que gane consistencia. Te llevará tiempo, ¡no desesperes!

  9. Sumerge la parte de arriba de las rosquillas en el merengue, levantándolas rápidamente para que se forme un pico en la parte superior.

Coloca las rosquillas en una bandeja y hornéalas a 90ºC durante 1 hora, hasta que el merengue adquiera una textura crujiente, como la de una

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Entradas Populares

En Primera Persona

Chefs con Estrellas

Personajes

Iberoamérica de cocina en cocina