Madrid se viste de gala para brindar con lo mejor de esta tierra gallega. Mi viaje sensorial a la calificación de la añada en Rías Baixas con el arte de embotellar el Atlántico
Acontecen mañanas en las que el despertador no pesa, especialmente si el destino es ese rincón del noroeste donde el verde de los viñedos se confunde con el azul del océano. El pasado 19 de junio no fue un día cualquiera. Tuve el privilegio de asistir a la presentación de los resultados de la última reunión de los vocales del Pleno del Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas. Para alguien que, como yo, entiende el vino no solo como una bebida, sino como un estilo de vida, una declaración de intenciones y un placer hedonista, estos encuentros son el pulso real de nuestra gastronomía.
El ambiente en el salón respiraba expectación. Abría el acto Ramón Huidobro, secretario general del Consejo Regulador, y lo hacía con una brillantez que me cautivó de inmediato. Decidió evocar al gran Charles Darwin para recordarnos una gran verdad sobre la evolución:
“No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”.
Huidobro hiló esta cita magistralmente con el día a día de la denominación: “Eso es lo que llevamos año tras año haciendo en el sector de Rías Baixas: adaptarnos a las situaciones que se nos presentan”. Y es que la resiliencia no es una moda, es la espina dorsal de esta tierra gallega.
A su lado, Isidoro Serantes tocaba la fibra más emocional de los allí presentes hablando de “la perseverancia y el amor por lo que hacemos”. Al escucharlo, no pude evitar conectar sus palabras con la célebre frase de Vincent van Gogh: “Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo”. El resultado de ese valor y de desafiar a los elementos año tras año es, precisamente, lo que venían a presentarnos: la calificación de la añada. Un examen riguroso, un escrutinio voluntario donde técnicos, prescriptores, el panel de expertos y los propios consumidores dictan sentencia sobre el trabajo de toda una temporada.
La excelencia se mide depósito a depósito
Si algo caracteriza el ADN de Gastro&Style es el respeto por el trabajo bien hecho y la autenticidad. Por eso, conocer las bambalinas del Órgano de Control y Certificación me pareció fascinante. No hablamos de intuiciones; hablamos de ciencia, rigor y pasión. Hasta el 31 de mayo, el vino verificado sumaba la friolera de 14.248.765 litros (¡un 6,92% más que el año anterior!).
Imaginen el despliegue técnico: un panel de 30 profesionales acreditados por ENAC analizando, depósito a depósito, en una rigurosa cata ciega, 623 muestras de 127 bodegas. Como decía Aristóteles:
“La excelencia no es un acto, es un hábito”.

