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Entre nubes y sabores: Picos Pardos rinde homenaje a tu paladar y presenta la nueva carta de alta cocina al aire libre con las mejores vistas de Madrid
Cuando el estío madrileño despliega su manto dorado, la ciudad, sedienta de brisas y horizontes, eleva su mirada hacia las cumbres. Y en ese anhelo de altura, Picos Pardos Sky Lounge, la joya suspendida sobre el BLESS Hotel Madrid, emerge como un oasis donde el paladar y el alma convergen bajo el vasto azul. No es solo una terraza, es un lugar donde la alta cocina se pinta con los pinceles del aire libre y la musa inspiradora del skyline madrileño.

Con la brisa danzando entre los cabellos y el sol bañando la piel con su cálido abrazo, Picos Pardos desvela su nueva carta, un compendio de sueños culinarios concebidos para ser compartidos, para tejer lazos alrededor de cada bocado. Es una travesía gustativa que navega entre puertos lejanos y tierras cercanas, fusionando la audacia de los sabores internacionales con la nobleza del producto más excelso. Imagina el vibrante destello del ceviche amarillo de lubina, una explosión de frescura que despierta los sentidos, o la sutil provocación del aguachile de dorada y jalapeños, un abrazo picante que invita a más. La burrata con mojo de tomatillos susurra secretos de la tierra, mientras que el aroma del mar se eleva con el majestuoso arroz con marisco y rape, un festín para el alma. Para los amantes de la brasa, el imponente T-bone a la parrilla se alza como un tributo a la tradición, y el espeto de pulpo con holandesa de yuzu es una oda a la innovación, un juego de texturas y cítricos que deleita el paladar.

Pero el viaje no concluye sin el dulce epílogo. La sección de postres, un capítulo aparte en esta epopeya gastronómica, promete rendir el espíritu a la tentación. ¿Quién podría resistirse a la cremosidad etérea de la tarta de queso artesanal, un abrazo de antaño, o a la vibrante chispa de la tartaleta de cítricos y chocolate blanco, un contraste que enamora? Y porque la belleza se disfruta mejor en compañía, Picos Pardos ha extendido su abrazo a los más pequeños, con opciones pensadas para sus paladares curiosos. Así, este edén suspendido se consolida como un espacio versátil, tan idóneo para una elegante cena bajo el manto estrellado como para un plan relajado donde la conversación fluye libre y la compañía es el mejor condimento.


