La cata de vinos riojanos y austriacos fue vivida con júbilo por los organizadores en el Centro Riojano de Madrid. En el centro, José Antonio Rupérez Caño, brinda con patrocinadores (embajada de Austria), (Bodegas Montecillo), periodistas y enólogas. Foto: Julio Prado.
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José Antonio Rupérez Caño, artífice de una degustación única, reunió en el Centro Riojano de Madrid a sumilleres, periodistas y cuerpo diplomático en España
El presidente del Centro Riojano de Madrid, José Antonio Rupérez Caño, durante la presentación de la cata internacional de vinos de Rioja y de Austria. FOTO: JULIO PRADO
Un vals vienés y una recia jota riojana podrían haber sido el broche final para concluir la gran cata internacional que se celebró en el Centro Riojano de Madrid, reuniendo excelentes vinos de Austria y Rioja. Aquella tarde, casi de primavera, convirtió a los 60 asistentes en verdaderos privilegiados que pudieron degustar virtudes y características de ambos vinos, de limitada producción. Quien diseñó hasta el último detalle y fue el maestro de ceremonias de este magnífico baile de vinos excepcionales, no fue otro que el alma mater del Centro Riojano: José Antonio Rupérez Caño. Desde que fue elegido presidente, se ha convertido en el gran embajador de su tierra. El cuerpo diplomático de numerosos países ya forma parte de esta gran familia riojana gracias a su gran labor de divulgación de la cultura del vino.
En el corazón del barrio de Salamanca, el Centro Riojano de Madrid volvió a convertirse en una pequeña embajada del vino. Entre embutidos selectos y botellas abiertas con júbilo, se celebró una cata que fue un encuentro cultural entre Austria y Rioja,dos territorios separados por geografía, pero unidos por el lenguaje universal del vino. En esta cata internacional, la décimo cuarta que programa José Antonio Rupérez Caño, se enfatizó el aprendizaje mutuo y la creación de sinergias en el mundo del vino.
Algunas de las delicatessen ofrecidas para maridar los vinos riojanos y austriacos. Foto: Julio Prado.
Representantes de Bodega Montecillo, Carlos Ruiz e Ismael Riaza, y el consejero comercial de la embajada de Austria, Richard Bandera, acompañaron una velada que, más que comparar, buscaba aprender. El objetivo no era decidir qué vino era mejor, sino descubrir cómo cada paisaje se expresa en una copa. Productores gastronómicos ofrecieron exquisiteces de Rioja (Despensa Pisón) y Austria para maridar los vinos.
Más que una comparación entre Austria y Rioja, la cata demostró que el vino puede ser un puente cultural. Los austríacos mostraron la finura aromática de sus blancos nacidos en climas frescos. Los riojanos respondieron con historia, estructura y una sorprendente renovación en sus vinos blancos.
El consejero comercial de la embajada de Austria, Richard Bandera, durante la presentación de sus vinos, acompañado de José Antonio Rupérez Caño, presidente del Centro Riojano de Madrid. Foto: JULIO PRADO
Periodistas y asistentes reconocieron la “creatividad sin límites” del presidente del Centro Riojano a la hora de elaborar su programación cultural
Viena en la copa: un blanco de ensamblaje que respira frescura alpina
El primer vino llegó desde Viena: Mayer am Pfarrplatz,(Bodegas Mayer). Wiener Gemischter. Satz DAC 2023. Un cuvée típico de la capital austríaca elaborado antes de la vinificación, característica singular de la denominación vienesa. En la copa se mostraba limpio y luminoso, amarillo pajizo con destellos verdosos. En nariz desplegaba un pequeño jardín aromático: flores delicadas, fruta blanca —manzana y pera—, notas de melocotón y un leve susurro cítrico.
El ensamblaje reúne Chardonnay, Weissburgunder (Pinot Blanc), Grauburgunder (Pinot Gris) y Neuburger, con un leve toque especiado de Traminer. El resultado es un vino fresco, elegante y persistente, de paso suave y retronasal aromática, que parece hablar del microclima de las colinas vienesas y de sus viñedos rodeados de bosque.
Los siguientes vinos catados de Austria fueron: Bodegas Sax. Gelber Muskateller 2023; Bodegas Wohlmuth Kitzeck-Sausal Gelber Muskateller 2022 y Bodegas Stift Klosterneuburg Cuvée Escorial 2021 (tinto).
Montecillo: 150 años en la memoria del vino. Tradición riojana con mirada contemporánea
La cata continuó con los vinos de Bodega Montecillo, una de las casas históricas de Rioja, con más de 150 años de elaboración ininterrumpida. Fundada por Celestino Navajas y hoy integrada en el grupo Osborne, la bodega representa una filosofía donde el tiempo —en barrica y en botella— es tan importante como la tierra o la uva. Detrás de cada botella, recordaron sus representantes, hay 62 familias de viticultores que mantienen viva la tradición del viñedo riojano. José Luis Navajas, nieto del fundador, fue el último de los Navajas que, sin descendencia, decidió llegar a un acuerdo con la familia Osborne y traspasarles la bodega. “Fue un pionero, el primer elaborador que en la Rioja empezó a trabajar con el concepto de Jaulón, lo diseñó y tuvo la patente durante unos 4 años. Fue de los primeros en introducir la maceración en frío y de elaborar blancos con barrica en Europa”, recordaron Carlos Ruiz e Ismael Riaza.
Garnacha blanca: la elegancia recuperada
Uno de los protagonistas de Rioja fue un monovarietal de garnacha blanca, una uva minoritaria en Rioja pero con enorme potencial “Bodegas Montecillo. Edición limitada Garnacha Blanca 2023. Un blanco con cuerpo y vocación gastronómica. En boca se revela voluminoso y estructurado, con ese carácter que permite acompañar platos intensos. Es una variedad capaz de adaptarse a distintos territorios, pero aquí muestra su lado más equilibrado: fruta madura, cuerpo y una sensación amplia y gastronómica. Más que una rareza, este vino se presentó como una promesa para el futuro de los blancos españoles.
Los siguientes vinos riojanos que se cataron fueron Bodegas Montecillo. Viña Monty Blanco 2019; Bodega Montecillo. Gran Reserva 2019 y Bodegas Viña Monty Graciano 2019.
Moscatel austríaco: Ligereza aromática para cerrar la velada. El último vino fue un Muscatel austríaco, delicado y fragante. Su perfil aromático recuerda a flor de azahar, limón y naranja, con ese perfume característico que hace del moscatel una de las variedades más reconocibles del mundo. En boca se presenta ligero, frutal y elegante, con apenas 12 grados de alcohol; está pensado para disfrutar sin prisa y acompañar productos como jamón o embutidos.
Al final, en el Centro Riojano de Madrid quedó clara una idea: el vino no entiende de fronteras; solo de paisajes que quieren ser contados.