Tiempo de lectura: 4 minutosMario Alonso, alma también de este viaje, quiso subrayar que “siendo una de las mujeres más importantes en el mundo del vino y en la enología, que se una en este proyecto y ponga su nombre, para nosotros es un honor y un orgullo. Agradecemos la calidad como persona de Begoña, el buen gusto por el vino y su exquisitez a la hora de elaborarlo”.
Begoña Jovellar presenta sus vinos de Rueda y Ribera del Duero
La luz de Madrid se hizo suave, casi líquida, la mañana del jueves, 22 de mayo, en el Hotel Thompson. En el aire flotaban flores, seda, uvas y un nombre propio: la enóloga Begoña Jovellar, que elabora vinos hondos y de mirada precisa.
Se presentaba Bodegas Jovellar como sinónimo de la identidad de una de las grandes mujeres de la enología en España y en el mundo. Y dio a conocer a la prensa sus dos primeras elaboraciones de Rueda y Ribera del Duero. Más de treinta años en bodegas legendarias, como Vega Sicilia, dan peso a cada palabra de Begoña Jovellar, que es también secretaria de la Unión Internacional de Enólogos.
Bodegas Jovellar es mucho más que una etiqueta: es una declaración de intenciones donde entra la elegancia, la exquisitez y la búsqueda continua de la excelencia. Expertos, enólogos y medios de comunicación asistieron a la presentación de dos grandes vinos de autora, que pudieron catar acompañados por la propia enóloga:
En cuanto a las notas de cata del “Begoña Jovellar 2022 de Rueda”, verdejo 100%, blanco criado en barricas de roble. En la fase visual: limpio, brillante, densidad media alta, amarillo dorado. En la fase olfativa: intensidad media alta, aroma limpio, franco en nariz con aromas a fruta cítrica. Hinojo, toques anisados. Notas tostadas que recuerdan a crema pastelera y brioche. En la fase gustativa: entrada suave, agradable, untuoso y con volumen en boca con notas que recuerdan a miel. Acidez equilibrada, notas de hinojo, anís y mantequilla salada. Vino elegante, estructurado, fresco y equilibrado.
“Begoña Jovellar, 3º año, 2022 Ribera del Duero”, tempranillo 100%, tinto criado en barricas de roble. En la fase visual, vino limpio, brillante, capa alta, color granate con ribete cereza. En nariz, intensidad alta, aroma limpio, notas de cereza y ciruela. Toques especiados y tostados con notas a pimienta blanca, canela, cacao y café. En fase gustativa, entrada elegante, untuoso, taninos aterciopelados, acidez equilibrada, fresco con final largo y persistente. Vino envolvente, estructurado y con una agradable sensación de fruta en boca.
La producción ha sido de 12.000 botellas de Rueda y 12.000 de Ribera del Duero (tercer año), que ya están a la venta desde principios de mayo.
“Es un sueño hecho vino. Poder seleccionar los mejores viñedos, trabajar con mimo y libertad… eso es lo que siempre he querido. Y ahora, por fin, puedo hacerlo”, explicaba Begoña Jovellar.
En Rueda, Ribera del Duero, Arlanza y Rioja “estamos elaborando una cantidad pequeñita, que podemos llamar vino de autor, porque realmente es una maravilla elegir los mejores viñedos, el mejor cuidado y hacer el mejor vino posible”.

El proyecto, en colaboración con la familia Alonso, se centra en pequeñas producciones, “casi artesanales”, que no sobrepasan las 12.000 botellas por referencia. En Ribera del Duero, dos tintos de tempranillo con diferentes tiempos de crianza; en Rueda, un verdejo que ha esperado paciente tres años para vestirse de gala; en Arlanza, un tinto de cuarta y futura quinta crianza; y en La Rioja, la joya inesperada: un tempranillo blanco gran reserva.
Begoña Jovellar explica con entusiasmo cómo se ha contado con 500 barricas de 225 litros de roble francés, español y americano; crianza sobre lías y seguimiento constante de la evolución sensorial. “Queremos vinos con alma, no solo con técnica. Que expresen el suelo, el tiempo y también nuestra emoción”, añade Jovellar.


