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Y me he sorprendido por cómo esa tristeza y esa gratitud han “echado a patadas” la rabia para otro momento. Cuando me vienen los sentimientos de indignación por ver las diferencias o incongruencias de muchas de las acciones que se hacen, entonces medito. Medito para poder centrarme en hacer lo que me corresponde a mí y no perder ni un minuto de mi valioso tiempo en crisparme por ideas o por otras cuestiones. “Ahora no, me digo: llegará todo a su tiempo”. Estas dos semanas me han hecho comprender que ahora es momento de unión, compasión y de sacar lo mejor que cada uno tiene. Porque todos y cada uno de nosotros somos primero personas y en esta Pandemia estamos el Mundo Entero. En los rayos de luz en que la compasión me ha aflorado también me he sorprendido porque me ha relajado al no enjuiciar de forma abrupta.
En la crónica de esta semana he reafirmado cómo filtrar información, cómo eludir polémicas que no podemos ahora resolver, cómo comprender y admirar a muchas personas que muchas veces pasan desapercibidas (como los limpiadores de las calles que siguen trabajando). He estado aún más pendiente del gesto de los que quiero y he recibido aún con más agradecimiento, la llamada de quien me quiere.


