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El Hotel Urso cumple cinco años organizando la tradicional cena norteamericana más esperada de la capital
Cuando llega el último jueves de noviembre, y se acerca el Día de Acción de Gracias, el Hotel Urso se prepara como si el tiempo retrocediera a los albores de una tradición nacida tras la aventura oceánica de los primeros colonos ingleses. Bajo la luz tibia del otoño madrileño, el aroma del pavo asado y la sopa de calabaza despiertan recuerdos de un pasado compartido: aquel banquete de agradecimiento junto a los nativos, cuando los primeros peregrinos del barco Mayflower celebraron la abundancia tras la escasez.
Tras su llegada, en 1621, los nativos les enseñaron a cultivar el maíz, a pescar y a cazar. Los colonos fundaron la colonia de Plymouth, lo que es ahora Massachusetts. Ese otoño, tras su primera cosecha exitosa, los colonos organizaron un banquete de agradecimiento junto a los nativos para celebrar la abundancia.
Ese evento está considerado el primer Día de Acción de Gracias —una fiesta con un origen humanista y de convivencia con los pueblos indígenas— que el paso de los siglos ha transformado en la principal celebración familiar norteamericana, previa a la Navidad.
El Hotel Urso sabe complacer a sus clientes norteamericanos, más de la mitad, y ofrece una esmerada cena de Acción de Gracias. Cinco años celebrando esta fiesta tan especial, con un servicio de atención esmerado, unas mesas primorosamente decoradas y ofreciendo gran riqueza culinaria. “Nos hemos posicionado como el hotel de referencia en la preparación del Día de Acción de Gracias y cada año batimos récords”, asegura Sandra Martínez, directora de ventas y marketing en el Hotel Urso.

El festín se abre con una fina crema de calabaza, seguida de un pavo en su jugo, sin relleno, pero acompañado de puré de patata, arándanos. Y el postre: pastel de ruibarbo. Los vinos también norteamericanos, un chardonnay y un pinot noir, maridan a la perfección. El precio del menú es de 89 euros, un precio razonable teniendo en cuenta el nivel de los productos ofrecidos, la extraordinaria calidad a la hora de elaborarlos por parte del chef y el magnífico espacio de los salones del hotel.
“Alcanzamos un total de 300 menús de Acción de Gracias”, dice Sandra Martínez con orgullo, mientras las familias se reparten entre el invernadero, los salones y la cálida biblioteca revestida de madera, donde las conversaciones se mezclan con el sonido de las copas y la animada charla familiar, música tenue de un recuerdo que cruza el Atlántico. Los menús también pueden degustarse el día antes y el día después de la tradicional fiesta.
Y así, en el corazón de Madrid, esta celebración que fue proclamada festividad nacional por Abraham Lincoln en 1863, en plena guerra civil, revive con un espíritu universal: el de la gratitud que une, la abundancia que se comparte y la memoria que viaja. Porque en el Urso, la historia del Thanksgiving se transforma en una cena familiar que no olvida su origen ritual, un banquete que es abrazo, donde América y Madrid se sientan a la mesa.

Gastronomía de platos madrileños
Además de este detalle anual de la Cena de Acción de Gracias, la misión de Urso es también hacer que el cliente internacional y local sienta Madrid desde que entra en el hotel. Este peculiar nombre, Urso, se remonta a la época de los romanos cuando conquistaron Madrid. Por entonces, en esta ciudad se asentaban numerosos osos pardos. Por eso llamaron inicialmente Ursalia a Madrid: tierra de los osos. Luego el nombre evoluciona a Mayrit, durante la época musulmana. Tras la Reconquista, el nombre se transformó en Matrit, y luego en Madrid.
El mercado de Barceló se encuentra a escasos metros del Hotel Urso. “Todos los proveedores con los que trabajamos intentamos que siempre sean de Madrid porque es parte de nuestra esencia. Realmente aquí se cumple el kilómetro cero a rajatabla”, asegura Sandra Martínez. El actual cocinero de Urso-Restaurante Casa Felisa, Antonio del Álamo, basa su gastronomía en platos muy madrileños, de nuestras raíces. A principios de año se ha editado un recetario con los mejores platos del chef, como ensaladilla rusa o buñuelos de bacalao, entre otros. En su mayoría proceden de recetas que el propio Antonio recopiló de su abuela. Este libro va dirigido sobre todo a los clientes internacionales.
El edificio del Hotel Urso se abrió en 1915 para albergar la sede de Papelera Española, que permaneció durante 60 años. El año pasado contactaron antiguos empleados que decidieron hacer una nostálgica visita guiada a los empleados del hotel, que conocieron de primera mano el espacio y todos los recovecos de Papelera Española.


