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El corte manual de una rueda de Parmigiano Reggiano es un verdadero arte, casi tanto como la elaboración artesanal de este famoso queso italiano, que se mantiene inalterable desde hace siglos
El clásico cuchillo en forma de almendra o de gota, que se caracteriza por disponer de una hoja corta y puntiaguda, es la herramienta preferida de los maestros queseros para abrir (que no cortar) las enormes ruedas de Parmigiano Reggiano, cuyo peso oscila los 40 kilos y para cuya elaboración se necesitan alrededor de 550 litros de leche.
Con la punta del cuchillo, se traza una línea a lo largo de la circunferencia de la rueda, dividiéndola en dos partes iguales. Este surco proporciona una referencia en la que se insertan, a intervalos regulares y a lo largo de todo el diámetro, una serie de cuchillos estratégicamente situados en puntos opuestos. Al introducirse en el surco, las cuchillas actúan como cuñas, tensionando la rueda de Parmigiano Reggiano hasta que se abre en dos mitades.
Solo un corte correcta y hábilmente ejecutado permitirá que la rueda de Parmigiano Regiano libere sus aromas, sabores y texturas en su máxima expresión.
Esta operación requiere de habilidad, fuerza y mucha experiencia para obtener una apertura impecable que permita mantener la granulosidad típica del Parmigiano Reggiano, esencial para liberar en su máxima potencia los aromas y esencias que hacen que este queso sea inigualable.
Una vez abierta, se procede a dividir cada mitad de la rueda en pedazos más pequeños, repitiendo el mismo sistema y dividiendo sucesivamente cada parte en dos secciones iguales, hasta obtener porciones similares y con una proporción equilibrada entre pasta y corteza.


