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Situada en la Serranía de Ronda en Málaga, LA Almazara, diseñada por Philippe Starck, es un proyecto vanguardista
Se trata de una obra de arte habitable donde cada detalle ha sido concebido para ser funcional e impactante. Es un espacio que fusiona tradición oleica e innovación arquitectónica. LA Almazara promete ser un referente global que celebra el arte y la tradición del aceite de oliva reinventando el oleoturismo y convirtiéndose en la primera almazara de autor del mundo.

Visita a la finca LA Organic con cata de aceites
El viaje a la almazara de Philippe Starck es una inmersión en un universo donde la funcionalidad se viste de poesía, donde el oro líquido nace en un templo de diseño. Al dejar atrás el sol de la Serranía de Ronda, la mirada se posa en un cubo rojo monolítico, una aparición audaz en el paisaje andaluz, como un rubí tallado por el viento y la historia.

Una vez dentro, la luz se domestica, creando sombras danzantes que revelan texturas y formas inesperadas. No es una fábrica al uso, sino un santuario donde el proceso ancestral de la molienda se eleva a la categoría de arte. Tuberías metálicas serpentean como venas de una criatura industrial, conduciendo el fruto de la tierra hacia el abrazo de las piedras, donde la presión lenta y constante libera la esencia dorada.
El aire vibra con el aroma intenso y frutado de la aceituna recién prensada, una promesa de sabor que acaricia el alma. En las paredes, el acero oxidado convive con la pureza del agua que fluye, un diálogo entre lo eterno y lo efímero. Un ojo ciclópeo, un guardián de piedra, observa el devenir del aceite, un homenaje a la vigilancia de los artistas surrealistas andaluces, su pupila de hormigón escrutando los misterios de la tierra.

Una monumental media aceituna incrustada en el muro es un símbolo potente, la semilla de la que brota este elixir. Y una figura sin rostro, coronada por un avión de madera ensamblado con fragmentos de sueños, evoca el espíritu pionero, la búsqueda constante de volar más alto, de extraer la quintaesencia de cada gota.
Al ascender, una terraza suspendida por cadenas robustas se abre al paisaje, un balcón hacia la inmensidad de los olivares que se extienden como un mar verde plateado. La naturaleza, lejos de ser un mero telón de fondo, se integra en la experiencia, con olivos plantados con mimo, creando alamedas y rincones secretos para la contemplación.

La luz que se filtra dibuja arabescos en el suelo, iluminando los utensilios de la almazara, ahora convertidos en objetos de culto. Cada detalle, desde la disposición de las herramientas hasta la pureza de las líneas, habla del genio de Starck, de su capacidad para insuflar alma a la materia inerte.

Este no es solo un lugar para producir aceite, sino un espacio para sentirlo, para comprender su historia, su valor intrínseco. Es un homenaje a la paciencia de la tierra, al saber hacer transmitido de generación en generación. Es un encuentro entre la vanguardia del diseño y la tradición milenaria.
Al degustar el aceite, un líquido dorado que danza en la copa, se percibe la dedicación, el respeto por el fruto. En cada sorbo, la historia de la tierra andaluza, el sol que la acaricia, la brisa que mece sus hojas. La almazara de Philippe Starck trasciende su función utilitaria para convertirse en una experiencia sensorial completa, un viaje poético al corazón del oro líquido, un lugar donde la belleza reside en la esencia misma de las cosas.

L.A. Organic: donde la tierra canta y el alma florece en el Cortijo de los Sueños
Situado en el corazón palpitante de la tierra andaluza. Aquí, donde el sol derrama su oro líquido sobre campos de olivos centenarios y la brisa susurra secretos ancestrales entre las hojas plateadas, se alza, como un sueño esculpido en piedra y cal, el cortijo L.A. ORGANIC. El Cortijo LA Almazara ha sido restaurado por Stefano Robotti, arquitecto colaborador de Philippe Starck. Es un alojamiento tradicional andaluz del siglo XIX rodeado de olivos, viñedos y lavanda. Dispone de cinco habitaciones minimalistas, piscina entre olivos y vistas a la Serranía. Ofrece además un ambiente privado y relajante. La terraza cuenta con vistas espectaculares de la finca y la Sierra de Grazalema, ideal para disfrutar de un desayuno o una puesta de sol. No es solo una morada, sino un poema habitado, un lienzo donde la naturaleza y el alma humana danzan en una armonía sublime.
Al cruzar sus umbrales de madera antigua, uno se adentra en un universo donde el tiempo parece detener su frenético galope. Los muros encalados, testigos silenciosos de innumerables amaneceres y atardeceres, irradian una paz profunda, un abrazo cálido que acuna el espíritu cansado. Los patios interiores son jardines secretos donde la buganvilla derrama cascadas de color fucsia y el jazmín embriaga el aire con su perfume embriagador, invitan a la contemplación, al abandono sereno en el regazo de la belleza.
La luz, aquí, es un personaje más de esta sinfonía rural. Se filtra a través de las celosías, dibujando arabescos dorados sobre los suelos de terracota, acaricia los muebles de madera noble con una ternura infinita y se derrama en los salones espaciosos, donde el silencio solo es interrumpido por el suave crepitar de la chimenea en las noches estrelladas o el murmullo quedo de una conversación compartida.


