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En el tapiz de la noche madrileña, bajo la atenta mirada de los Reyes, las voces que narran el pulso del mundo tejieron una nueva constelación. Fernando Ónega, Vicente Vallés, Irene Dorta y Ana del Barrio, faros de la verdad y la palabra, vieron sus nombres grabados en el firmamento de los Premios APM de Periodismo, en una velada donde el eco de Don Felipe, José Luis Martínez-Almeida, María Rey y el propio Ónega resonó con la nobleza del oficio
En el corazón de Madrid, donde el tiempo se detiene para honrar la verdad, la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) desplegó el tapiz de su 86ª edición de los Premios APM de Periodismo. En el año de su 130º aniversario, el Auditorio Caja de Música de CentroCentro, bañado por la presencia regia de Sus Majestades, se convirtió en el santuario donde la palabra fue elevada a la categoría de arte. Fernando Ónega, Vicente Vallés, Irene Dorta y Ana del Barrio fueron los nombres que, como estrellas, brillaron con luz propia, sus plumas reconocidas por el eco de una labor incansable.
El Rey: el faro del periodismo en tiempos turbulentos
En el crepúsculo de una era marcada por el canto de sirena de las redes sociales, el murmullo incipiente de la inteligencia artificial, y la marejada de discursos extremos, la voz de Don Felipe VI resonó con la fuerza de un ancla. «El periodismo,» afirmó el Rey, «emerge como figura esencial para nuestra convivencia.» Desde la responsabilidad y el rigor, los periodistas son, en sus palabras, los buscadores incansables de la verdad. También los artífices de un periodismo libre e independiente que desvela las claves para comprender el mundo. La APM, con sus 130 años de historia, es, según el monarca, el baluarte que respalda y alienta una profesión que exige dignidad en cada línea, en cada verificación, en cada dato, lejos del sensacionalismo estéril.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, se unió al coro de alabanzas. Lo hizo celebrando a quienes «con compromiso y valentía mantienen la verdad.» Para él, el periodista es el tejedor de puentes. También el transformador de la información en conocimiento, el que desafía el poder y escruta la realidad.
Desde la tribuna de la APM, María Rey elevó su voz. Todo un eco de preocupación ante la pérdida de credibilidad que acecha al periodismo. «Si los periodistas pierden su credibilidad,» advirtió, «la democracia es más débil.» Defendió el espíritu crítico como brújula ineludible. La valentía que reside en la búsqueda incansable de la verdad, ajena a los aplausos y a los demonios políticos. Ser periodista, sentenció, no es ser activista, sino ser guardián de la honestidad y la serenidad.
Entre aplausos y la melodía del Coro de la APM, dirigido por Chus García Casado, los galardones encontraron a sus dueños. Irene Dorta, la «Periodista Joven del Año,» fue reconocida por desentrañar la complejidad judicial con una prosa didáctica y certera. Ana del Barrio, la «Periodista Especializada en Madrid,» premiada por su periodismo de calle, ese que late al ritmo de la ciudad desde hace casi tres décadas. Vicente Vallés, «Mejor Periodista del Año,» por su informativo de autor, un faro que contextualiza y da sentido a la vorágine de la actualidad.
Y finalmente, el Premio APM de Honor se posó sobre Fernando Ónega, un titán que ha narrado y tejido la historia reciente de España durante casi sesenta años. Su voz, su ironía y su rigor son el mapa de una trayectoria que es ejemplo de ética y reflexión.
Fernando Ónega, con la sabiduría que solo el tiempo otorga, exclamó: «Si existe la gloria, la gloria es esto.» En un mundo donde la sociedad de la desinformación siembra la duda y la sospecha, el veterano periodista instó a la profesión a luchar por «la dignidad que nos quieren arrebatar.» En el fragor de la fabulación, propuso que el periodismo sea el «puerto refugio de la verdad,» la auténtica libertad de expresión. Un deseo que resuena, como una promesa, en el 130º aniversario de una asociación que, con su coro de voces, sigue cantando a la verdad.