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Cecinas Nieto es un ejemplo de cómo la calidad y la tradición pueden abrirse camino en los mercados más exigentes
Me encanta la carne, su textura, su arte,
disfruto con cada tipo, con cada parte.
El solomillo de cerdo ibérico, suave y sabroso,
es un festín, sí, pero siempre hay algo más grandioso.
Nada se compara a la vaca vieja, firme y profunda,
cada bocado es una historia que nunca nos confunda.Pero cuando el buey se ofrece en su esplendor,
es tocar el cielo, es elevarse al amor.
Esa carne que arde en la brasa con fuerza,
y te lleva a un mundo donde la mente se dispersa.Y hay un misterio que me ha obsesionado,
si el jamón de pata negra es tan admirado,
¿cómo es que la cecina, noble y generosa,
no alcanza las mismas glorias, esa fama grandiosa?Pero en mi camino, un hallazgo verdadero,
Cecinas Nieto, con su arte tan sincero,
me mostró que la cecina, con tiempo y dedicación,
puede tocar las mismas cotas de exaltación.Así que hoy, al probarla, ya no dudo ni un segundo,
la cecina, con su magia, es un placer profundo.
Puede que no tenga el brillo del jamón añejo,
pero en su sabor, encuentro un abrazo eterno.
Entre carnes y cecinas mi experiencia escribo…
Siempre me gustó la cecina, pero hasta que degusté Cecinas Nieto, tenía una idea completamente diferente sobre este manjar, que en mi mente, no alcanzaba el del jamón de pata negra premium. La cecina que conocía solía ser menos grasa, más seca, con un sabor que variaba dependiendo de la procedencia de la carne, ya fuera vaca, buey, caballo o chivo. Además, algunos tipos de cecina, tenían un ahumado tan fuerte que podía llegar a resultar excesivo. Y en cuanto a la consistencia variaba enormemente, desde piezas muy crudas hasta otras muy curadas.

Sin embargo, al probar la cecina “Abuelo Maragato”, única cecina de León con clasificación IGP Premium, con 18 meses de curación, descubrí un mundo completamente nuevo. El marmoleado de la carne marca la diferencia: la grasa necesaria se funde en la boca, de una manera similar a la del mejor jamón, y quizás incluso lo supera. El sabor es mucho más intenso, pero lo más impresionante, es que el ahumado es tan sutil que no oculta el sabor de la carne; al contrario, lo resalta.
Además, al igual que el jamón, la cecina presenta distintos matices dependiendo de la pieza: tapa, cadera, contra y babilla. Y dentro de cada pieza, la diferencia de sabor y aromas varía dependiendo de la zona, lo que hace que cada bocado sea una experiencia única.
Como consumidor, también encuentro mucho más sencillo el corte de este producto en comparación con otros. No tiene huesos ni tendones, y la regularidad de la pieza la hace mucho más fácil de cortar, más limpia y con un aspecto mucho más atractivo.
Y aquí viene la parte interesante: el precio de esta cecina de la más alta calidad es mucho más asequible que el del jamón premium, aunque, en mi opinión, está a un nivel semejante. Lo que me hace pensar que esta situación podría cambiar en el futuro.

En el corazón de la tradición maragata, Cecinas Nieto ha elevado la elaboración de cecina a una auténtica obra de arte gastronómica. Lo que hace posible este milagro no es otra cosa que la paciencia, el saber hacer y un respeto absoluto por los procesos artesanales que, generación tras generación, han sido perfeccionados hasta llegar a su cúspide actual. El camino comienza con la selección de carnes de vacas viejas, de más de cuatro años, y de bueyes elegidos por sus cualidades únicas. Cada pata trasera se revisa y verifica de forma individual, y dependiendo de sus características, se clasifica para dar lugar a diferentes productos.
El despiece es un arte en sí mismo: se incluyen las cuatro partes principales —tapa, cadera, contra y babilla—. Se extraen con maestría huesos y tendones así como la grasa sobrante, una habilidad que solo se alcanza tras años de experiencia y dedicación. A partir de ahí, se inicia un proceso cuidadoso de salazón, secado y ahumado con madera de encina de la zona, en condiciones ambientales estrictamente controladas de temperatura, humedad y tiempo, optimizadas para cada tipo de pieza.

El curado continúa durante 6 a 18 meses, tiempo durante el cual cada pieza es vigilada y cuidada de forma artesanal. Se emplean productos naturales para su sellado y conservación, sin químicos. Antes de llegar a tu mesa, cada pieza pasa por una revisión final y envasado con controles de calidad exhaustivos y una trazabilidad total, que permite conocer cada detalle de su historia.
Como prueba de lo anterior, al visitar la fábrica llaman la atención los aromas que surgen de cada una de las estaciones donde se realiza el proceso. Desde el inicio donde se aprecia la calidad y frescura de las carnes utilizadas pasando por las distintas etapas donde podemos deleitarnos. ¡Es una opinión personal pero habría consumido el producto en todas sus etapas!.

En Cecinas Nieto, la tradición no es una excusa, es una responsabilidad. Y por eso, el proceso no se detiene: se mejora continuamente, con el objetivo de seguir sorprendiendo y emocionando a quienes prueban sus productos.
Así, la historia de Cecinas Nieto y su Abuelo Maragato se escribe con el lenguaje del viento, del humo y de la sal, una poesía gastronómica que conquista los corazones del mundo.
Fotos: Gastroystyle




