Lo que pasa cuando se acaba la cortesía y empieza la verdad. 😂 ¡No se pierdan Matrimonio sin filtros! Una dosis de realidad que te hará morir de risa. Foto: agencia.
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Tuve la suerte de asistir a la representación de Un matrimonio sin filtros, una comedia que se adentra sin tapujos en la convivencia, las crisis de pareja y el fin del amor dentro del matrimonio
Protagonizada por una pareja que también lo es en la vida real, Marta Hazas y Javier Veiga, la obra se presenta como una historia aparentemente inocente, pero repleta de miserias cotidianas, secretos y situaciones que reflejan muchos planos de la realidad actual… de esos de los que casi no somos conscientes hasta que nos los colocan delante, con focos y risas de fondo.
La trama arranca tras quince años de convivencia, cuando Marta comunica a Javier su decisión de separarse. Hasta aquí, todo resulta bastante reconocible. Lo curioso llega a continuación: Javier inicia una auténtica batalla por salvar la relación. Factible, sí, pero extraño, teniendo en cuenta que ambos parecen estar hastiados y aburridos desde hace tiempo, y que incluso han sido infieles. Ese empeño repentino por mantener lo que ya parecía roto despierta más preguntas que certezas.
¿Es posible amarse diciendo siempre la verdad? Una mirada honesta y sin máscaras a la vida en pareja. Foto: agencia.
Marta, firme en su postura, da un paso más y comunica a Javier que se queda con la casa y que él debe marcharse. De nuevo, una decisión factible —no hay hijos de por medio—, pero extraña si consideramos que ambos trabajan y gozan de independencia económica. A partir de aquí comienzan los juegos de poder, las maniobras y las estrategias: los dos quieren quedarse con la vivienda, ya sea pagando su parte al otro o de cualquier forma posible. Todo perfectamente factible, pero nuevamente desconcertante, ya que las ofertas parecen razonables y ambos aseguran estar empezando una nueva vida.
Y cuando parece que nada puede complicarse más, aparece la televisión. De pronto, Marta propone —y convence con ciertas artimañas— a Javier para participar en un programa presentado por Carlos Sobera, donde parejas en proceso de separación entran en una especie de reality show. Tras un periodo en el que hacen pública su convivencia y donde está prohibido el uso del móvil, es el público quien decide quién se queda con la casa. La propuesta es factible —no encuentran solución y así pueden poner fin a la lucha—, pero resulta extraña: ¿quién querría exponer su intimidad de esa manera ante desconocidos?
Durante el concurso, al no poder salir de la casa, Marta decide reiniciar la relación sexual con Javier, aprovechando el aburrimiento y el deseo acumulado de este.
Esta situación los lleva a plantearse volver a estar juntos. Factible, sin duda… pero extraño que, después de tanta historia, todo parezca arreglarse con un poco de sexo.
Cualquier parecido con la realidad… ¡es pura coincidencia!. Ven a descubrir qué pasa en Matrimonio sin filtros. ¡Imperdible!. Foto: agencia.
Mi teoría sobre la historia que se esconde tras la comedia es que refleja una gran astucia por parte de Marta, quien juega con Javier en todo momento, con un notable control de los tiempos, demostrando ser una mujer juiciosa e inteligente.
Mediante toda esta maniobra que simula una separación —que, aunque factible, resulta extraña—, por ejemplo, Marta ni menciona ni recurre en ningún momento a las leyes asimétricas que están vigentes actualmente en nuestro país, se pone en valor frente a Javier, que demuestra su interés. A pesar de estar hastiada de él en muchos aspectos, considera que el beneficio de quedarse a su lado supera al de separarse y abre un nuevo capítulo en la relación donde su posición queda claramente fortalecida.
Por otra parte, el proceso es en sí una catarsis, donde se muestran todas las áreas oscuras de la relación, reconociendo así el terreno que se pisa. Finalmente, la edad, el paso del tiempo y la conciencia de que la vida que queda ya no será como la anterior pesan más que la falta de amor: mejor estar con Javier y mantener esa base de recuerdos y sentimientos que acabar sola con una simple mascota.
En todo caso, lo anterior no es más que una teoría factible, aunque extraña. Al contrastarla con una amiga, me comentó que, bajo su punto de vista, su teoría es que el uso del teléfono destruye la relación y el no hacerlo la reconstruye.
En definitiva, Un matrimonio sin filtros se caracteriza por ser una comedia directa y muy actual, donde los personajes se van quitando los filtros gradualmente. Esto permite que el espectador se implique, se imagine en esa situación y elabore distintas teorías aplicables a todo tipo de relaciones reales. Una obra que hace reír, pero que también invita —entre carcajada y carcajada— a pensar en lo extrañas, complejas y negociables que pueden llegar a ser las relaciones humanas.