La sutileza que enamora: un jardín de vinos en Château Siran
El vino no es solo una bebida; es un relato, una mezcla de tiempo, tierra y paciencia. Y en el corazón de Burdeos, existe una leyenda que susurra su historia con una elegancia que desarma: Château Siran.
Edouard Miailhe, de Château Siran, presentó sus vinos en Madrid / Château Siran
Imaginen un viñedo que no se labra, sino que se medita. Un lugar donde la tierra, besada por el estuario del río Garona, filtra la lluvia con la delicadeza de un secreto ancestral. Mi alma de viajera del gusto resonó profundamente con la filosofía de su actual custodio, Edouard Miailhe, quien encapsula esta reverencia en una frase que se siente como un poema:
Edouard Miailhe: “Cuidamos cada parcela de viña como quien cultiva un jardín.”
Es esta mirada de jardinero, no de industrial, la que ha forjado el alma de Siran a través de seis generaciones de la familia Miailhe.
Interior de la bodega Siran / Château Siran
Un legado de poetas y rebeldes
Mi fascinación por Siran va más allá de su copa. Es una bodega que late con la energía de figuras que cambiaron el mundo. Perteneció a la familia del maestro postimpresionista Toulouse-Lautrec, y resuena con la memoria de otro grande, Ernest Hemingway, cuya nieta fue bautizada Margaux, en un guiño íntimo a esta Denominación de Origen. Es la prueba de que el buen vino siempre es musa.
Equipo técnico de Château Siran / Château Siran
Pero la sutileza de Siran también tiene un nombre y rostro actuales: Marjolaine Defrance, su directora técnica. Miailhe lo dijo con una admiración palpable: «Las mujeres son extremadamente precisas y cuidan los detalles más que los hombres.»
Nos han llamado los «olvidados de la clasificación» de 1855, cuenta Edouard con una sonrisa orgullosa, revelando que sus antepasados eligieron la rebeldía antes que el protocolo de Napoleón III. ¿Acaso la verdadera grandeza necesita un sello oficial? No, la calidad habla por sí misma.
Cuatro vinos de Château Siran Margaux / Château Siran.
La danza de la armonía
En el marco de las actividades de la Commanderie de Burdeos en Madrid, Château Siran presentó sus nuevas añadas: S de Siran 2022 (54% Merlot), (44% Cabernet Sauvignon) (2% Petit Verdot), Château Siran 2023 (49%Merlot) (41% Cabernet Sauvignon, 10% Petit Verdot), y Château Siran 2022 (53% Merlot), 36% Cabernet Sauvignon) y 11% Petit Verdot.
Si me preguntan por el estilo de Siran, pienso en terciopelo y en una melodía baja, perfectamente afinada. No buscan el exceso, sino la sutileza.
En la copa, la magia se revela. Un bouquet donde la fruta roja baila con un suave perfume de rosas. Es el equilibrio de Merlot, Cabernet Sauvignon y ese toque especiado del Petit Verdot. La madera de la barrica no domina, solo susurra, está ahí para «suavizar el vino y hacerlo más delicado».
El viñedo abarca 25 hectáreas dentro de la denominación de origen Margaux, donde el suelo de grava y arena filtra la lluvia con delicadeza. La mezcla tradicional combina Merlot, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot, las tres uvas que dan al vino su armonía.
Esta búsqueda de la armonía, liderada por un equipo técnico donde la precisión y el cuidado femenino son protagonistas, se enfrenta a los desafíos de nuestro tiempo. Las vendimias se adelantan, el clima exige nuevos gestos: proteger las uvas, observar más que nunca. La resistencia, en el vino, se llama adaptación.
Mi reflexión: Al final, la historia de Château Siran es un recordatorio de que lo auténtico perdura. Es la humildad del que cuida un jardín lo que nos entrega un vino equilibrado, fácil de beber, y que te invita a la siguiente copa. Es un Burdeos que se pide a gritos ser disfrutado joven, compartiendo la mesa con amigos y grandes conversaciones. Es un mensaje de alegría, de quitarle la solemnidad excesiva al vino de Burdeos. Es un eco a la sabiduría de Cicerón: «Vita vinum est»(La vida es como el vino). Hay que disfrutarla, en su fragancia temprana y suave.
El enoturismo se ha convertido en otro pilar. “Recibimos cerca de 10.000 visitantes al año”, cuenta. En cada recorrido, los visitantes descubren una bodega que combina historia y precisión técnica.
Siran lo ha entendido: la sutileza es su inmortalidad.