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La Catedral de Palencia apela a las emociones con la muestra «Renacer», una experiencia en torno a la historia y riqueza artística del templo, transformado para celebrar su séptimo centenario
La Catedral de Palencia reabre sus puertas a los visitantes transformada para la muestra «Renacer», una experiencia que apela a las emociones mediante un relato en torno al propio templo, su arquitectura, su historia y su riqueza artística. A lo largo de seis meses, entre el 17 de junio y el 11 de diciembre, las seo gótica celebra por todo lo alto su séptimo centenario enseñando lo mejor de sí misma, rincones habitualmente cerrados al público y obras de grandes maestros que atestiguan su carácter generador de arte sacro.
En la muestra cobra especial protagonismo el número siete, de gran carga simbólica en el pensamiento y el arte cristiano. Con él se alude al séptimo centenario y a los sacramentos, ilustrados en los siete capítulos que la articulan: «Primera piedra», «Memoria perenne», «Espacio sagrado», «La Catedral. Iglesia Madre», «Celebrar la Palabra», «Historia de Salvación» y «Una catedral para María».
En conjunto, arman un relato que invita al visitante a detenerse en los espacios más significativos y en otros apenas conocidos de la Catedral, en un recorrido jalonado por cerca de 200 destacados elementos arquitectónicos, piezas artísticas y documentos que se integran en el discurso expositivo. En medio de una escenografía construida con elementos textiles, el espectador descubrirá rincones que habitualmente no se muestran en las visitas, como la sacristía o algunas capillas y recapillas, y verá de otra manera determinadas partes del templo, como las capillas de la Virgen Blanca, de Los Reyes, del Sagrario, el crucero, la Capilla Mayor, el coro y el trascoro. Todo ello entre obras de arte propias —en su lugar habitual o en un nuevo emplazamiento para la muestra— y de la Diócesis, con aportaciones de parroquias de la provincia entre las que se cuentan las de Cervera de Pisuerga, Paredes de Nava, Dueñas, Fuentes de Nava, Capillas, Cevico Navero (Colección Fundación Grupo Siro), Villamuriel de Cerrato, Payo de Ojeda, Vega de Olimpa y Población de Campos; así como una selección de creaciones vinculadas de alguna manera a la Catedral y cedidas por prestigiosas colecciones españolas.

Entre estas últimas se encuentran «El Redentor», de El Greco (Catedral de Toledo), que acompañará al «San Sebastián» del mismo autor conservado en la seo palentina; «La Resurrección de Lázaro», de Juan de Flandes (Museo del Prado); «San Juan Bautista», de Alejo de Vahía (Museo Frederic Marès de Barcelona); «Triple Santa Ana», de Gil de Siloe. (Catedral de Burgos); la tabla anónima «La Fuente de la Gracia» (Catedral de Segovia), «El hermano Marcelo», de Victorio Macho (Real Fundación de Toledo); «El Salvador», de Pedro Berruguete (Museo Goya—Colección Ibercaja-Museo Camón-Aznar), y la «Anunciación», de Fernando Yáñez (Real Colegio Seminario del Corpus Christi—Museo del Patriarca, de Valencia).
La seo se reivindica en esta muestra como foco generador de arte, gracias a los grandes maestros vinculados a ella: Juan de Villoldo, Alejo de Vahía, Alonso de Portillo, Pedro Berruguete, Felipe Bigarny, Juan de Valmaseda, Diego de Siloe y Gil de Hontañón, entre otros.
Siete capítulos temáticos
En el marco del VII Centenario, «Renacer» recuerda que la historia del edificio se remonta a 1.400 años atrás, de cuando data la cabecera visigótica de la cripta, y que viviría un hito fundamental con el inicio en 1321 del templo gótico en la Capilla de la Virgen Blanca, situada en la girola. Es el punto de partida del capítulo inicial, «Primera piedra», que muestra las sucesivas etapas constructivas de un edificio en constante cambio y evoca el primero de los sacramentos: el bautismo, representado por la pila y el baptisterio.

«Memoria perenne» se detiene en la huella humana de la historia de la Catedral, en la impronta de obispos, presbíteros, nobles, artesanos, artistas, donantes y feligreses, presentes en testimonios documentales, epigráficos, heráldicos y funerarios. Junto a sepulcros de los siglos XV, XVI y XVII se exhibe en este segundo capítulo la escultura «El hermano Marcelo», homenaje de Victorio Macho a su hermano fallecido, y se pone de relieve la importancia de dos figuras femeninas fundamentales para la seo palentina: Inés de Osorio y Doña Urraca. El retablo de San Roque se convierte en este apartado en ejemplo de representación del sacramento de la unción de enfermos.
En torno a la que fuera capilla mayor hasta el siglo XVI, la del Sagrario, se alude a la Eucaristía, en el capítulo «Espacio sagrado», que ejemplifica la idea de perfección celestial y su reflejo terrenal. La Catedral se revela como centro de creación artística a través de elementos como el arco y la bóveda de Isambart, además de mostrar piezas de otros templos de la provincia, como el tabernáculo de Vega de Doña Olimpa, un sagrario del que podrán verse sus ricas pinturas interiores, habitualmente ocultas a la vista del público.
Bajo el título «La Catedral, Iglesia Madre», el cuarto apartado ahonda en el papel histórico de la sede episcopal, que dio lugar al Estudio General de Palencia, primera universidad de España. La sacristía —que se abre a las visitas de forma excepcional con «Renacer»—, destacados elementos litúrgicos, el primitivo estalo del obispo y la sillería del coro, del maestro Centellas y otros autores, ocupan un destacado lugar dentro de este bloque, que alude al sacramento del orden sacerdotal.
«Celebrar la Palabra» propone una parada en la Capilla Mayor, espacio de celebración comunitaria, y ante el retablo que la preside, considerado ejemplo del mejor arte del primer Renacimiento ibérico. La azulejería del siglo XVI que decora su basamento y representa las virtudes había permanecido oculta durante dos siglos tras un zócalo de madera y ahora, recuperada, se exhibe en la muestra por primera vez en doscientos años. Este quinto apartado recuerda la presencia en la Catedral de grandes artistas internacionales y se enriquece con la exhibición temporal de «La Resurrección de Lázaro» de Juan de Flandes, custodiada en el Museo del Prado.


