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El Brujo ofrece un viaje del alma entre la risa y lo sagrado

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Existen noches en las que uno va al teatro esperando una simple evasión y termina encontrándose con un espejo directo hacia la trascendencia

Eso me ocurrió hace unos días al asistir a la última propuesta de Rafael Álvarez «El Brujo»: La segunda venida de Cristo, una obra basada en los textos proféticos y místicos del célebre maestro hindú Paramahansa Yogananda.

Un viaje de la mente al alma

Desde que entras en la sala, sientes que no estás ante un montaje convencional. El Brujo, galardonado con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, se embarca aquí en el proyecto más arriesgado, original y complejo de toda su dilatada trayectoria. Como bien decía el poeta persa Rumi: «La belleza nos rodea, pero normalmente necesitamos caminar por un jardín para saberlo». En este caso, el jardín fue el escenario, y el guía, un actor que domina el arte de la palabra como pocos en nuestra escena.

La propuesta es fascinante: una relectura profunda de los Evangelios —tomando como eje principal el de San Juan— pero despojada de dogmatismos y filtrada a través de la filosofía oriental y la milenaria ciencia del yoga de la India. Asistir a este monólogo es presenciar cómo dos mundos aparentemente lejanos se abrazan. La mística occidental y la sabiduría védica se funden en un solo discurso sobre la conciencia universal, demostrando que la verdad espiritual no pertenece a una sola cultura, sino al conjunto de la humanidad.

El sentido del humor como vehículo sagrado

Lo verdaderamente magistral de la velada no es solo el calado teológico o filosófico de la obra, sino cómo se entrega al espectador. El Brujo despliega un humor sagaz, ingenioso y fresco que convierte lo denso en algo liviano y accesible. La ciencia del alma no se presenta como una lección magistral ni como una liturgia solemne; se entrelaza con un dinamismo arrollador, un constante sentido de la fiesta y una complicidad absoluta con la risa del público.

Nos reímos, y mucho. Pero era esa risa inteligente que despierta la mente. Decía San Agustín que «quien canta, reza dos veces», y bien podríamos decir que quien ríe con comprensión, reflexiona el doble. En medio de chistes cotidianos, ironías sutiles y rupturas de la cuarta pared, se iban colando verdades profundas sobre el sentido de la existencia, el perdón y la búsqueda de la paz interior.

Una experiencia para recordar y recomendar

Salir del teatro con la sensación de haber disfrutado de un espectáculo hilarante y, al mismo tiempo, llevarse el corazón lleno de serenidad es un regalo muy difícil de encontrar hoy en día. La segunda venida de Cristo no es solo una obra de teatro: es un bálsamo para el espíritu en tiempos de tanto ruido externo. Nos recuerda aquellas palabras de Sócrates: «El conocimiento empieza en el asombro», y anoche salimos del patio de butacas profundamente asombrados.

Si tenéis la oportunidad de disfrutar de esta joya escénica en su gira, no la dejéis pasar. Es una cita imprescindible para quienes buscan en las artes escénicas algo más que entretenimiento: una verdadera experiencia de estilo, cultura y nutrición para el alma.

Ana Belén Toribio
Ana Belén Toribio
Periodista y sumiller. CEO y Directora.

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