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Hace 80 años que las tropas rusas -entonces formaban parte del frente aliado- liberaron el campo de concentración creado por los nazis en Auschwitz, Polonia. Con ello se ponía fin a una de las atrocidades humanas más deleznables
Adjunto transcribo el artículo realizado por el periodista Juanma Barberá en www.gastronomoyviajero.com que espero sea de vuestro agrado.
Sin embargo, parece que lo que fuera un escenario del horror mas despiadado se ha convertido, dicen algunos, en una especie de parque de atracciones que puede contribuir a banalizar unos hechos tan inhumanos como luctuosos.
Y es que, ciertas agencias de turismo ofrecen visita a Auschwitz más almuerzo, como si aquello fuera Disneyworld.
Sensibilidad
En fin, que más allá de que algunas/os se tomen «a chusma» algo tan serio por mor del negocio esta pedanía cercana a Cracovia sigue poniendo los pelos de punta a cualquier visitante que tenga un mínimo de sensibilidad.
Sin motivos
Pero vayamos al grano. Explicar lo que motivó que los nazis comandados por Hitler hicieron en Auschwitz y otras campos de concentración no es sencillo ni, probablemente, obedeció a un solo motivo.
Y es que, seguramente, estamos hablando de un sistema de razones complejas, con el emergentismo como eje.
Se dice que algo es emergente cuando los componentes de un sistema actúan entre sí, y pueden surgir propiedades que no estaban por separado en ninguno de sus componentes y que no eran deducibles.
Así que, si no conocemos las interacciones que se producen en su interior, tampoco seremos capaces de predecir el comportamiento del sistema.
Tal vez por eso nadie fue capaz de predecir la ascensión y triunfo del nacismo o nadie quiso ver las señales que mandaba el demonio de Laplace.
Lecciones de historia
Sin embargo, una cosa parece clara y es que fueran las causas que fueran las que llevaron al ejército alemán a perpetrar esa barbarie, nada las justificará nunca.
Una lección de historia que, visto lo visto, no sabemos si la humanidad habrá aprendido o aprenderá alguna vez.

Cracovia
Cracovia, la ciudad más cercana a Auchwitz, es, probablemente, la más bonita y completa de Polonia.
Pero Cracovia debe su belleza, al menos en parte, a que los alemanes (nazis) conquistaron la ciudad en apenas cinco días y sin resistencia. Además, establecieron aquí su cuartel general en Polonia.
Dicen algunos historiadores que la invasión de Polonia formó parte de un plan (y acuerdo) urdido por Hitler y Stalin para repartirse el país, pero, si fue así, el resultado de este enorme desatino no pudo ser más desastroso.
Campos de exterminio
En los campos de concentración (y exterminio) de Auschwitz (I y II), situados apenas a 70 Km. de Cracovia murieron quemadas, gaseadas, fusiladas o a manos del doctor Mengele, 1.500.000 personas, la mayoría judíos, y muchas mujeres y niños.
En nuestra visita al lugar, fue pisar Auschwitz y comenzar la estupefacción que luego se hizo patente al recorrer los pabellones que quedan en pie.
Y no queda mucho, debido a que Rudolph Hoss, el comandante del campo, ordenó destruirlo todo cuando ya se veía que Alemania perdería la guerra.
Hacinamiento
En estos pabellones vivían -por decir algo- hacinados los presos, hombres, mujeres y niños, éstos últimos, acusados de conspiración.
También vimos las vías y los vagones de tren y el lugar donde ya se discriminaba entre quienes iban directamente a la cámara de gas y/o al horno crematorio, o quienes iban a picar piedra hasta el fin de sus días.
Experimentos Mengele
En cuanto al resto de presos (los primeros fueron miembros de la resistencia polaca), y salvo en lo que se refiere a los gitanos, que tenían cierta afinidad con los nazis (alguna mujer llegó a casarse con un oficial de las SS), mujeres, hombres y niños servían de conejillos de india.
Con ellos, el tristemente famoso doctor Joseph Mengele y sus secuaces realizaban curiosos ‘ensayos clínicos’.
Uno de ellos, por ejemplo, intentaba averiguar cuantos días aguantaba un cuerpo sin comer y/o beber.
También, cuanto resistía un preso atado a un palo mientras le estiraban con sogas de brazos y piernas, cómo esterilizar a las mujeres o cómo hacer distintos tipos de aborto.

Horror continuo
En realidad, todo el lugar representa un horror continuo y continuado. Tanto, que hay visitantes que se ponen a llorar desde que pasan el primer alambre de espino.
Y eso ocurre incluso antes de ver, en Auschwitz I, el pabellón en que estaban encerrados los niños a los que gaseaban por ‘conspirar’ contra el tercer Reich.
Pabellones y pabellones, a cuál peor, rudimentarias literas de tres alturas, colchones y mantas en el suelo, la consulta de Mengele…
Y un poco más allá, al otro lado de una valla con callejón de seguridad, estaba la lujosa casa donde Rudolf Hoss vivía con su familia.
La vida de Hoss
Hoss fue teniente coronel de las SS desde 1942 y comandante del campo de Auschwitz desde 1940 hasta 1943.
Tras abandonar el campo de exterminio, en noviembre de 1943, Höss fue nombrado jefe de la sección política de la Inspección de Campos de la WUHA (Dirección General de Economía y Administración).
Fue detenido el 11 de marzo de 1946 por la Policía Militar Británica en Flossenburg, cerca de la frontera danesa, donde trabajaba escondido con identidad falsa en una granja agrícola.
Acusado en los juicios de Nuremberg, desde esta ciudad alemana fue trasladado en mayo de 1946 a Polonia, lugar donde debía responder de la muerte de millón y medio de personas.
Rudolf Höss fue juzgado en Cracovia y ahorcado en Auschwitz el 7 de abril de 1947.
La visita
Actualmente, es posible visitar dos campos: Auschwitz I, el campo de concentración original, y Auschwitz II (Birkenau), construido posteriormente como campo de exterminio.
El primero fue edificado para albergar a los prisioneros políticos polacos que ya no cabían en las cárceles.
Así que Auschwitz I fue el campo de concentración original y el centro administrativo del complejo que se construyó posteriormente.
Los primeros en llegar al campo fueron. como se ha dicho, los prisioneros políticos del ejército polaco, pero no tardaron en seguirles miembros de la resistencia, intelectuales, homosexuales, gitanos y judíos.

El engaño
La mayoría de los judíos eran engañados por los nazis. Ellos les vendían imaginarias parcelas y casas. Les ofrecían llamativos puestos de trabajo para que llevaran consigo sus bienes más valiosos.
Tras un largo viaje, que les dejaba exhaustos, llegaban al camp9+o de concentración. Es aquí donde, si no eran considerados aptos para trabajar eran asesinados, y si lo eran, trabajaban prácticamente hasta su muerte.
Arbeit macht frei
Nada más atravesar la puerta de entrada de Auschwitz I los recién llegados se encontraban con la enorme inscripción «Arbeit macht frei» (el trabajo hace libre), algo que hacía pensar a los prisioneros que en algún momento iban a lograr salir del campo.
Además de los barracones en los que se hacinaban los prisioneros, el campo estaba dividido en diferentes bloques entre los que destacaba el número 11, conocido como «el bloque de la muerte».
Era el lugar en el que se aplicaban los castigos. Castigos consistentes en encierros en celdas minúsculas en las que se dejaba a los prisioneros morir de hambre, o bien eran ejecutados o colgados.
Hoy el paseo por este lugar sigue siendo espeluznante y la celdas auténticas ratoneras sin casi ventilación.
Pelo y zapatos
A lo largo de los diferentes bloques del campo se pueden ver exposiciones en las que se muestran las condiciones en las que malvivían los prisioneros.
También se puede ver una pequeña parte de la inmensa colección de los objetos que fueron robados a los cautivos antes de asesinarles.
Objetos como botas, maletas, gafas, ollas… incluso pelo, que era vendido para la fabricación de telas que en ocasiones los nazis llevaban en sus abrigos.
Segundo campo
El segundo campo, y el de mayor tamaño que se construyó, es el que se conoce como Auschwitz II-Bikernau.
Fue levantado en 1941 en la localidad de Bikernau (a 3 kilómetros del campo principal). Todo como parte del plan de la Alemania nazi conocido como “Solución final” en el que se pretendía aniquilar a la población judía.
El campo contaba con una extensión de 175 hectáreas. Se encontraba dividido en varias secciones delimitadas con alambres de púas y verjas electrificadas.
Exterminio
Este, muchísimo más grande que el otro, no era un campo de trabajo igual que los demás. Sino que se construyó con la función de exterminar a los prisioneros que entraban en él.
Para ello fue equipado con cinco cámaras de gas y hornos crematorios, cada uno de ellos con capacidad para 2.500 prisioneros.
Pero que, como hemos señalado, fueron destruidos por los nazis antes de su derrota para que no quedara rastro de sus horrores.
Sin embargo, no consiguieron destruir las celdas y el horno crematorio de Auschwitz I, que ahora te muestran como final de la visita a este primer campo.
Hornos crematorios
Cuando llegas al final, te encuentras los hornos. Es justo cuando te preguntas, de nuevo, qué mentes tan retorcidas e inhumanas pueden llegar a cometer tales atrocidades.
El silencio y el deambular de los visitantes convierten en aún más tétrica la visión del emplazamiento.
Volviendo a Biekernau, al que te llevan en un autobús desde el campo I, aparte de lo inmenso que es, lo primero que llama la atención son las vías que se cruzan en medio del recinto.
Un vagón de carga recuerda los trenes que transportaban a los reos en un terrible viaje de varios días en el que no recibían agua ni comida.


