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Casa Müller: la brasa que enciende Tetuán

Tiempo de lectura: 4 minutos

Fuego, producto y delicadeza en la Plaza de la Remonta

Existen restaurantes que se disfrutan con gusto. Y otros —muy pocos—con admiración. Casa Müller, pertenece claramente a este segundo grupo.

Se ubica en la Plaza de la Remonta, la plaza porticada más grande de Madrid, un espacio con historia propia. La Remonta fue durante décadas un enclave militar vinculado a la cría y entrenamiento de caballos del Ejército, y hoy es un punto de encuentro del barrio, amplio, luminoso y con vida. En el número 4 de esta plaza tan singular nace Casa Müller, un restaurante que ha sabido integrarse con naturalidad en el entorno y aportar personalidad gastronómica a la zona.

Aquí la propuesta es clara desde el primer momento: tradición española, producto excelente y brasa de carbón como columna vertebral. Sin artificios. Sin ruido. Con mucho oficio.

Espacio Casa Müller. Foto: Ana María Ferrer.

Tres espacios, una misma filosofía

Casa Müller es un restaurante pensado para disfrutar de muchas maneras:

  • Barra, animada y cercana, perfecta para el tapeo, el picoteo y el “vamos pidiendo”.

  • Terraza, amplia y muy agradable, ideal para comer o cenar al aire libre en cualquier momento del día.

  • Restaurante, elegante pero sin rigidez, acogedor, con una cuidada bodega de vinos españoles que acompaña con criterio toda la carta.

Un espacio versátil que invita tanto a una comida informal como a una gran celebración alrededor del fuego.

Verduras a la parrilla Casa Müller. Foto: Ana María Ferrer.
Verduras a la parrilla Casa Müller. Foto: Ana María Ferrer.

El mejor comienzo posible: pan, aceite… y silencio

Tuve el placer de sentarme a la mesa de Casa Müller y vivir una comida que fue creciendo plato a plato, sin fisuras.

La experiencia comienza incluso antes del primer plato. Pan excelente y un AOVE (aceite de oliva virgen extra sin filtrar, variedad picual, cosecha Milésime, de Dehesa del Búcor). Aceite con pan. Nada más. Nada menos. Verde, intenso, fragante, profundo. Un producto que, por sí solo, está por encima de muchos platos elaborados. Una forma clara de decir: aquí el producto se respeta.

Después, un buen jamón iberico, cortado con precisión, brillante, delicado, exquisito. De esos bocados que hacen que la conversación se detenga.

Cocina con personas (y con mucho fuego)

Llegaron unas croquetas de jamón, cremosas, sabrosas, perfectamente equilibradas.

Y fue entonces cuando se acercó a saludarnos Antonio Barreiros, chef de Casa Müller. Gallego de origen, encantador, discreto y humilde, es un auténtico especialista en brasas. Tras una larga etapa profesional en México, ha vuelto a España para deleitarnos con una cocina llena de conocimiento y sensibilidad.

Junto a él, el proyecto cuenta también con otro chef de origen argentino, gran dominador de la parrilla, completando un tándem perfecto alrededor del carbón.

Pulpo a la brasa - Casa Müller. Foto: Gastroystyle.
Pulpo a la brasa – Casa Müller. Foto: Gastroystyle.

Platos que rozan la apoteosis

El foie casero, preparado al Oporto y a baja temperatura, acompañado de mermelada de higos, fue sencillamente memorable. Textura perfecta, sabor profundo, equilibrio absoluto. Un plato que se queda grabado.

Los puerros confitados, de una delicadeza infinita, acompañados de queso del Roncal y crujiente de almendras, superan incluso —desde mi punto de vista— a los mejores espárragos. Elegantes, finos, exquisitos.

Y llega uno de los grandes momentos: un tentáculo de pulpo a la brasa sobre patatas revolconas. Punto de cocción impecable, brasa perfectamente integrada, sabor puro de pulpo y contraste rústico de las patatas. Aquí se nota la mano gallega de Antonio Barreiros. Un diez sin discusión.

Chuletón Casa Müller. Foto: Ana María Ferrer.
Chuletón Casa Müller. Foto: Ana María Ferrer.

La brasa en estado puro

Las mollejas de ternera a la parrilla merecen un capítulo aparte. Muy difíciles de encontrar en Madrid y todavía más difíciles de encontrar bien hechas. Aquí alcanzan un nivel excepcional. Se mantienen 24 horas en leche antes de pasar por la brasa, logrando una textura finísima, delicada y elegante. Solo este plato justificaría la visita.

Después, una lubina de más de un kilo a la brasa, con un punto de cocción preciso, jugosa y limpia. Técnica y sensibilidad al servicio del producto.

Y como plato rey, el chuletón de vaca vieja madurada, con grasa marmoleada, asado sobre carbón aromatizado con leña de encina, que aporta un ahumado elegante y profundo. Sin exagerar: uno de los mejores chuletones que se pueden comer en Madrid. Probamos también el lomo bajo, excelente, pero el chuletón juega en otra liga. Todo acompañado de pimientos del piquillo, y unos boniatos a la brasa absolutamente deliciosos.

 

Un final dulce y feliz

El broche lo pone el flan de mascarpone con dulce de leche, cremoso, original y perfectamente equilibrado. Un final redondo que deja sonrisa.

Conclusión

Casa Müller propone una cocina tradicional con pequeños guiños actuales, pero lo verdaderamente extraordinario es la ejecución: punto de cocción y brasa, calidad del producto, ritmo de servicio y una sincronización perfecta entre cocina y sala. Todo llega a la mesa en su momento exacto y en condiciones impecables.

La mano de Antonio Barreiros, apoyada por un sólido equipo de parrilla, se nota en cada plato. El ambiente es cálido, cercano y alegre. Aquí se come bien, se bebe bien y se está a gusto.

Casa Müller no busca sorprender con fuegos artificiales. Busca algo mucho más difícil: hacer las cosas muy bien. Y lo consigue. Con fuego, con producto… y con alegría.

Ruperto de Nola
Ruperto de Nola
Cronista Gastronómico

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